Alejandrina Rodríguez. Foto: Cortesía del autorEl Moncada de Alejandrina vuelve a renacer en este julio que regresa. Sus ochenta y un años de vida, le permiten mantener la mente clara y recordar lo que hizo para contribuir a derrocar la tiranía de Batista.
Fui a su encuentro y la vi tal como la imaginaba. De baja estatura, cabellera blanca por el paso de los años, sonrisa apacible y excelente trato. La casa, acogedora y sencilla, permitía respirar aire de campo. Allí estaba Alejandrina Caridad Rodríguez Valdés. Inmersa en los trajines de la casa. En el patio alimentaba a sus gallinas y acariciaba con ternura las orquídeas dedicadas a su hija. Nos saludamos y al saber el motivo de nuestra visita, accedió con gusto a responder nuestras preguntas.
¿Qué participación tuvo usted en los sucesos del Moncada?
Yo soy de Herradura en Pinar del Río. Allí, junto con mi hermano ayudé a repartir bonos del movimiento 26 de julio para aglutinar campesinos a la causa revolucionaria. Daba informaciones de cómo estaba la cosa en Santiago de Cuba y le decía a los campesinos que Fidel preparaba un asalto para liberar a Cuba y escuchaba. Recuerdo que las noticias de Radio Rebelde, había que escucharlas escondida con un radiecito metido en una lata.
¿Es cierto que su nombre estaba en una lista del esbirro Sosa Blanco para asesinarla?
Sí, el asesino de Sosa Blanco, nos tenía a todos en una lista para matarnos. Estuvimos presos en el cuartel por ayudar a los familiares de los miembros del movimiento, con comida, ropas y zapatos. Un “chivato” nos delató y a los hombres los torturaban. A nosotras las mujeres, nos decían que todos nuestros hermanos de causa estaban muertos para que nos ablandáramos y dijéramos lo que estábamos haciendo en favor de la causa. Por suerte todo era mentira y triunfó la Revolución. Gracias a ella estamos vivos.
¿Dónde estaba usted cuando triunfa la Revolución?
Bueno yo era de las hermanas mayores de la familia y estaba “colocada” en una casa de ricos lavando, para ganarme unos pesitos y ayudar a mamá. De pronto sentí el himno del 26 de julio y la gritería de la gente en el barrio, porque Batista se había ido y la Revolución había triunfado.
¿Siente orgullo de contribuir en aquellos momentos con la causa revolucionaria del 26 de julio?
¡Oiga, periodista, eso ni se pregunta! Estoy orgullosa de todo lo que hice allá en Pinar del Río, por acabar con los tiranos. Incluso, cada vez que veo en la televisión las imágenes de esa época, se me aguan los ojos y me acuerdo de todos los que estaban conmigo.
¿Como pinareña qué significa para usted la sede del 26 de julio este año en esa provincia?
Mucho. Pinar del Río era la llamada cenicienta de Cuba, por la pobreza que tenía. Ahora, gracias a la Revolución, es de las mejores del país en todo. Nosotros los pinareños somos fidelistas y revolucionarios y aunque llevo muchos años viviendo en San Antonio de los Baños, estoy muy orgullosa de ser pinareña.
¿No le parece que la Revolución de ahora necesita de moncadistas como los de 1953?
¡Claro, y mucho! Los que quedamos vivos de aquellos años estamos dispuestos a defender la Revolución. Los muchachos nuevos de hora, tienen la misión de apoyarnos incondicionalmente. El Moncada de este siglo es el de la unidad, la disciplina laboral y como dijo Fidel: “cambiar todo lo que deba ser cambiado”.
Ya no existen esbirros, pero sí “gusanos” y “grupitos” que quieren hacer historia y acabar con la Revolución. Eso no lo vamos a permitir nunca. Al menos, yo pienso así.. periodista. Estos tiempos son mi Moncada y si me llaman para algo estaré, porque soy persona gracias a la Revolución y a la gesta libertaria de aquella mañana de la Santa Ana.
Me despido de Alejandrina Caridad Rodríguez Valdés y lo hago convencido de una idea. Ella es de las imprescindibles, de las que luchan a pesar de los años y el tiempo porque en cada julio reverdece su propio Moncada.