La primera escuela pública del municipio de San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa, se nombró Santa Cristina, calificativo que sugiere beatas, edificios religiosos y divisiones administrativas.
Cuentan los historiadores del Ariguanabo, que el mérito a la perseverancia lo tuvo el acaudalado hacendado Don Nataniel Fellowes, quien donó un terreno de su propiedad para la obra, acometida por la Junta Patriótica.
Tras año y medio de construcción, el 24 de julio de 1836, los ariguanabenses admiraron el edificio de dos plantas, con un decorado exquisito. En los altos del inmueble, se ubicó el local de la biblioteca y los archivos, proporcionándole una connotación literaria aparejada a la labor educativa. Además se habilitó la sala de sesiones de la Comisión Patriótica.
A la actividad inaugural asistió una treintena de alumnos de ambos sexos, matrícula que en pocos días ascendió a dos centenares de estudiantes.
La escuela pública de Santa Cristina, pionera de su tipo en la villa del Ariguanabo, inició el proceso de enseñanza aprendizaje con la dirección de José Cornelio Díaz. El plan de estudios de la institución académica incluyó: aritmética, lectura, escritura, gramática y ortografía castellana, geografía universal, y la doctrina cristiana. Además de dibujo, baile, música y artes manuales de costura y bordado sencillo para las niñas.
El modelo de instrucción pública elemental instaurado en el colegio Santa Cristina, al igual que en el resto de las escuelas de su tipo en el país, tenía un matiz místico, pues la enseñanza de la religión católica estaba intrínseca en los programas de estudio en los centros educacionales de primeras letras.
En la trayectoria del colegio, influyeron complejos factores políticos, económicos y sociales desde su creación. La debilidad financiera de los organismos locales y la indolencia de sus funcionarios apenas permitieron el desarrollo educacional.
Cuando se disolvió la Diputación Patriótica, el colegio Santa Cristina perdió su esencia pública y comenzó a cobrar el derecho a recibir instrucción a quienes podían financiarla.
Por otro lado, las escuelas y los maestros privados, ocuparon un espacio en la formación de una minúscula parte de las nuevas generaciones de ariguanabenses.