Nunca faltarán pretextos para leer a Hemingway

malecón_Cojímar_Luis_Alberto_DHMalecón de Cojímar, por estas aguas navegó Hemingway. Foto: Luis Alberto DH /RA Incentivar el hábito de leer o el  amor por la letra impresa es contribuir al mejoramiento humano y abrir la ventana hacia el conocimiento. Nunca faltarán pretextos para tal empeño. La figura de Ernest Hemingway posibilita el encantamiento. Vivió aquí más de 20 años, sintió por nuestro país y le demostró ese amor.  Proponer la lectura de cualquiera de sus obras será una opción que se agradecerá.

Hemingway nació el 21 de julio de 1899,  llegó a Cuba por primera con 29 años, pero no sería hasta 1932 cuando el mar y el hotel Ambos Mundos se volvieron parte de un nudo que lo ataría fuertemente a la Isla, un lazo tan apretado que luego se volvería su hogar por más de dos décadas. A 118 años de su nacimiento, cautiva a los lectores a través de sus textos. Para los cubanos es Papa, reconocible por su sempiterna barba blanca y su tabaco, alimenta el imaginario popular como uno de los personajes que te puedes encontrar en un bar de la Habana de los años 50.

Así lo refieren los investigadores de la vida y obra del autor de “El viejo y el Mar”, la llegada a La Habana, la decisión  de hospedarse en el hotel Ambos Mundos, en la concurrida calle Obispo. Y desde allí se arrastraba por las noches a dos de los bares más famosos del planeta: El Floridita, "la cuna del daiquirí", y La Bodeguita del Medio. Perpetuado por los admiradores aparece una estatua del americano, acodado en la barra, allí se le rinde pleitesía.  

Estimular el encuentro con la historia de Santiago, el pescador de “El viejo y el Mar” es precisamente estimular el arte de leer, el amor por los libros. En él se apela a Cuba. Los hechos suceden en Cojímar, un pueblito de pescadores donde Hemingway tenía atracado Pilar, el barco en el que salía a pescar. Gregorio Fuentes, un pescador de origen español e instalado en este poblado costero, fue su fuente de inspiración. A la muerte del escritor, los pescadores fundieron sus anclas para crear un busto en su honor que instalaron en un pequeño altar que se sigue conservando en el frente marítimo.

Propiciar el encanto de la retrospectiva, el traslado en el tiempo y el espacio hasta el barrio habanero de San Francisco de Paula, donde Hemingway compró la Finca Vigía, una casa clavada en mitad de un pequeño bosque. Actualmente, la casa es un museo donde la vida se detuvo en el año 1960: el escritor abandonó La Habana con la intención de volver, pero el año siguiente se suicidó. Así, su retiro de la Isla en el Caribe quedó intacto. Trofeos de caza, más de 9.000 libros enfundando las paredes, trajes de su época de reportero de guerra y otros objetos en el mismo estado, convierte a la casa, en museo desde 1962, un año después de su muerte donde se recrea fielmente la rutina de uno de los escritores más brillantes del siglo XX.

La lectura de El viejo y el mar nos revela la sensibilidad del autor por el mar, la naturaleza, el amor por Cuba, su gente y la realidad. Definió: a la Isla  “larga, hermosa y desdichada”, aquí en esta tierra se le ocurrió la historia sobre un viejo pescador y un gran pez, y dejó múltiples lecciones acerca de la voluntad, la perseverancia porque un hombre puede ser destruido pero no derrotado, ese optimismo que tanta falta hace siempre para enfrentar las vicisitudes de la vida.

Los cubanos lo recordamos cercano. A cada rato se nos presenta como una imagen que no podemos borrar. No importa la versión que se muestra de su producción literaria de cualquier modo, es válida, mantener vivo el legado del escritor de Por quién Doblan las Campanas que expresó […] “Ningún hombre es, en sí mismo, es equiparable a una isla; todo hombre es un pedazo del continente, una parte de tierra firme. Si el mar se llevara lejos un trozo de tierra, Europa perdería  un promontorio, como si se llevara una casa solariega de tus amigos o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me empequeñece, porque soy parte de la humanidad. Por eso no quieras saber nunca por quién doblan las campanas; están doblando por ti”.

En mi opinión sus obras enamoran, el lector puede comprobar cuánta sabiduría nos dejó. De los paradigmas del amor y del sufrimiento que abundan en la vida. La  lectura sigue siendo la propuesta, elija y podrá iniciarse en este empeño.