Coincidencia fílmica

Protagonistas de la película Viva Cuba. Foto: Tomada de internet.Protagonistas de la película Viva Cuba. Foto: Tomada de internet. Por capricho de la vida y coincidencia fílmica feliz para el cine cubano, dos filmes de corte infantil fueron estrenados un día como hoy. Vampiros en La Habana (1985) de Juan Padrón, coproducida por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Radio Televisión Española y Durniock Producciones y Viva Cuba (2005) de Juan Carlos Cremata y Manolito Rodríguez, coproducción cubana-francesa.

Viva Cuba cuenta la historia de Malú y Jorgito, dos niños que se han prometido amistad para toda la vida, a pesar de que sus familias se detestan. Cuando la abuela de Malú se muere y su mamá decide irse a vivir a otro país, Malú y Jorgito tendrán que escaparse hasta el fin del mundo en busca de una esperanza para su amor. Esta cinta demostró que se puede hacer cine alternativo en nuestro país, y también contar una historia, donde los protagonistas son niños, algo que nunca se había hecho en Cuba. 

Según Cremata Viva Cuba es una película "familiar", tanto por su tema como por el modo en que fue realizada. Sin ir a la profundidad de la emigración, Cremata aborda desde esa arista la sensibilidad humana de una niña que quiere quedarse en Cuba y una madre que prefiere alejarla de sus costumbres, juegos y amistades infantiles para llevarla a los Estados Unidos. Excelente la actuación de la pequeña Malú Tarrau y su amiguito Jorgito Miló, hacedores de simpatía popular entre grandes y chicos por la cinta que deja ver una Isla donde los niños resultan protagonistas en la sociedad.

El filme cosechó más de veinte premios en Alemania, Italia, Francia, Guatemala y hasta en Taiwán. En Cannes obtuvo el Gran Premio de la Juventud, otorgado por unanimidad por un jurado de 24 niños, convirtiéndose así en la primera película cubana en lograr ese galardón en tan exigente escenario.

Imagen de la película Vampiros en la Habana. Foto: Tomada de internet.Imagen de la película Vampiros en la Habana. Foto: Tomada de internet. Por su parte Vampiros en La Habana trata de una conspiración por parte de las dos bandas de vampiros Capa Nostra en América y Grupo Vampiro en Europa, por apoderarse de la fórmula creada por Berndhart Amadeus, que les permite resistir el sol, cada uno con sus propios intereses.

El primer grupo pretende destruirla, pues atenta contra su negocio de playas para vampiros y el segundo pretende comercializarla para hacerse ricos. El laureado cineasta cubano logró con este largometraje de ficción para niños el Tercer Premio Coral de Animación en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, la Medalla Brassens que otorga el Festival Cinematográfico de la Casa de la Cultura de Largnan y el Festival de la Cultura Cubana en Francia, además de un Primer Premio de Animación en el Festival de Cultura Cubana en Burdeos y Leognan, también en el país galo.

Padrón volvió al encuentro de los niños para robarle las sonrisas con las travesuras de “Pepito”, personaje central de la trama, que siendo un vampiro no se vio afectado por tomar la “fórmula”, pues el sol nunca le hizo daño. El autor de Elpidio Valdés es además creador de la serie de dibujos animados Filminuto, que apareció por primera vez en 1980.

Su vasta obra creadora le permite ostentar entre otros galardones la medalla Alejo Carpentier, el Premio Anual de Periodismo Juan Gualberto Gómezen, la orden Juan Marinello, la orden Félix Varela; el Premio Nacional de Humorismo de Cuba, el Premio Nacional de Cine de Cuba, el premio El Diablo Cojuelo y ocho Premios Coral del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. En 2010 recibió la Placa 280 Aniversario, otorgada por la Universidad de la Habana.

Coincidencia feliz y fortuna para todos, gracias al ingenio de los cineastas cubanos. Vampiros en La Habana y Viva Cuba están latentes en el recuerdo de la gente. Ojala el cine de la Isla y sus creadores, produzcan otra vez obras como estas para beneplácito del más exigente público: los niños.

Nosotros los adultos también agradecemos y disfrutamos, porque volvemos a las raíces de una niñez que nunca se apaga. Tenemos la difícil misión de cumplir nuestro papel protagónico en el diario peregrinar de la vida, porque somos sus actores principales.


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