Plaza Comandante Ernesto Che Guevara. Foto: Tomada de internet.
Hoy todos los cubanos que tuvimos la dicha de aquel histórico día, recordamos el momento y sentimos orgullo. El Che vive en Santa Clara, se levanta firme para visualizar la historia. La llegada del Comandante queda, vive en cada 12 de julio y su luz resplandece porque el Che también es de los cubanos.
Era la noche del 12 de julio de 1997. Cuba se sometía a una ceremonia luctuosa pero eterna. Recibía los restos del Comandante Ernesto Guevara de la Serna, Che, junto a otros seis compañeros de la guerrilla boliviana. El aeropuerto militar de San Antonio de los Baños, fue el escenario escogido para acoger al nacido en Rosario, Argentina. Allí estaba el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. No podía ser de otra manera. Llegaba una vez más a suelo cubano el amigo, el hombre de la invasión a Las Villas, el de la Sierra Maestra. El médico que prefería la atención de otro soldado, antes que la suya.
El acto que millones de cubanos observaron a través de la televisión fue estremecedor. Aún hoy se recuerda. Así era el Che Guevara. Hombre que inspiraba confianza y trasmitía respeto. Salvas de artillería honraron las glorias de estos héroes latinoamericanos, mientras las palabras de Aleida Guevara March, hija del Che, los evocaron eternamente en estos adjetivos: jóvenes, valientes, fuertes y audaces.
El traslado a Cuba de los restos del Che revivió los dolorosos momentos de la muerte del Guerrillero Heroico. Contar con los restos del Che en Cuba, completaba la larga espera para que sus huesos reposen en el sitial de honor que merecían. Terminó la ceremonia y los restos fueron depositados en la Sala Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Después unas tres mil personas desfilaron silenciosamente por el Memorial José Martí de la capital, ante los osarios del Che y seis miembros de la guerrilla. Luego recibió el postrer homenaje de millares de pobladores de Villa Clara, ciudad donde descansa eternamente para orgullo de todos los cubanos.
En la plaza que lleva el nombre de Ernesto Guevara, debajo de la estatua en bronce del Che, se construyó un mausoleo que simula una cueva guerrillera donde, frente a los nichos que guardan los restos, arde una llama eterna. A ese histórico lugar volvió Fidel. El amigo de campaña, el hombre de verde olivo que lideró la Revolución. Entonces dejó sus palabras para estremecer la nación cuando dijo:
“Con emoción profunda vivimos uno de esos instantes que no suelen repetirse. No venimos a despedir al Che y sus heroicos compañeros. Venimos a recibirlos. Veo al Che y a sus hombres como un refuerzo, como un destacamento de combatientes invencibles, que esta vez incluye no solo cubanos, sino también latinoamericanos que llegan a luchar junto a nosotros y a escribir nuevas páginas de historia y de gloria. Veo además al Che como un gigante moral que crece cada día, cuya imagen, cuya fuerza, cuya influencia se han multiplicado por toda la tierra. ¿Cómo podría caber bajo una lápida? ¿Cómo podría caber en esta plaza? ¿Cómo podría caber únicamente en nuestra querida pero pequeña isla? Solo en el mundo con el cual soñó, para el cual vivió y por el cual luchó hay espacio suficiente para él.’’
Hoy todos los cubanos que tuvimos la dicha de aquel histórico día, recordamos el momento y sentimos orgullo. El Che vive en Santa Clara, se levanta firme para visualizar la historia. La llegada del Comandante queda, vive en cada 12 de julio y su luz resplandece porque el Che, también es de los cubanos.