Los primeros pasos y las dos pasiones del Che

Foto: Tomada de interenet.Foto: Tomada de interenet.Acercarse a Ernesto Che Guevara entraña un reto y un compromiso hacia esa figura trascendental que nos dejó como legado, precisamente, su ejemplo y las ideas. Ernesto Guevara de la Serna nació el 14 de junio de 1928 en el territorio argentino de Misiones. Allí vivió poco menos de dos años. La casa era conocida con el nombre de La calesita, una edificación muy cómoda en la punta de una loma, a 100 metros de altura sobre las aguas del río Paraná...

Una costumbre de los pobladores era la de tomar mate. El mate es una bebida de origen indio, muy común en Argentina. La hoja cortada y tostada sirve para preparar la infusión similar al té. Cuando el padre del Che tomaba mate, su hijo que solo tenía poco más de un año y medio se lo traía a tropezones. Ernestico apenas sabía caminar, pero le encantaba venir con el mate hasta donde estaba su papá.

Cuenta Ernesto Guevara, padre del Che, que al lado de la casa, a unos 20 metros existía otra pequeña casa de madera, con la cocina y un par de piezas más. Durante un tiempo entre las dos casas quedó una zanja de 20 centímetros de profundidad. El niño llegaba hasta ella con el mate entre las manos. Como aún no sabía saltarla la mayoría de las veces se caía con el mate. Esto provocaba mucha risa a sus familiares. Sin embargo, él seguía trayendo el mate a su padre hasta que aprendió a cruzarla. Las primeras fotografías que le tomó Ernesto a su hijo lo muestran con un mate en la mano, utensilio que lo acompañó toda su vida.

Desde joven el Che halló siempre un sitio para la práctica del deporte. Fue amante de las disciplinas que involucraban la fuerza física y el intelecto. Además del rugby y el ajedrez incursionó en otras, entre ellas, el béisbol, el alpinismo y el fútbol, que fue su pasión como buen argentino que era. En septiembre de 1954 viaja por segunda vez a América Latina y llega a México, con la confianza de encontrar un empleo estable como médico. Al paso de los días la necesidad económica lo hizo buscar alternativas y aparece la fotografía, su otra gran pasión que practicó para ganarse la vida.

Entre el 12 y el 26 de marzo de 1955 en la majestuosa Ciudad Deportiva de San Ángel se celebraría la segunda edición de los Juegos Panamericanos. En ellos participarían más de 20 países. Antes del inicio de este evento el Che conoció en la calle a Alfonso Pérez Vizcaíno, directivo de la Agencia Latina, quien le ofreció un puesto como corresponsal temporal. Esta era la oportunidad que tenía Ernesto para demostrar sus aptitudes como fotógrafo en unión con el deporte. El trabajo consistía en fotografiar los momentos más significativos de la cita deportiva. La calidad de las instantáneas tiradas por el Che era admirable, las cuales reflejan el momento decisivo de cada evento. De su consagración como fotógrafo y periodista deportivo se conservan materiales que reflejan la confluencia de dos de sus grandes pasiones: el deporte y la fotografía.


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