Estudiantes cubanos. Foto: Tomada de InternetEl estudiante en cualquier nivel de enseñanza, por estos días, se encuentra próximo a la meta, está en la recta final. Ello implica redoblar los esfuerzos, intensificar las horas de consulta, de aclaración de dudas, de ejercitación para enfrentarse a los exámenes más seguros y preparados y en este empeño también la familia juega un rol importante. En cualquiera de las modalidades evaluativas el alumno deberá demostrar el vencimiento de los objetivos y con ello la apropiación de los conocimientos con suficiencia a partir de la comprensión y realización de ejercicios de acuerdo a las diferentes habilidades. Por eso se impone estudiar, no existe otra alternativa si se aspira a promover y lograr resultados.
En cada hogar, en el entorno familiar es preciso crear un ambiente favorable y propiciar las condiciones para el estudio en grupo e individual. Es necesario el apoyo, la confianza junto a la exigencia para el aprovechamiento del tiempo, orientarle la correcta planificación de las horas de adiestramiento, los materiales necesarios y sobre todo, transmitirle optimismo de que lo puede lograr con su esfuerzo, empeño y dedicación.
Toca a la familia en estos momentos seguir de cerca a los estudiantes, acompañarlos en la recta final es imprescindible. Los padres deben reforzar las actividades orientadas por los profesores. Insistir acerca de la correcta caligrafía y escritura, cuidar la limpieza en los exámenes, la letra legible, realizarle dictados comprobatorios de índole ortográfica y otras actividades que garantizarán resultados, según las necesidades de cada caso.
Para el éxito en esta etapa final del curso, junto a la responsabilidad de cada alumno, la calidad y aprovechamiento del estudio, tiene que estar la supervisión de la familia para que el premio a las horas de entrenamiento se revierta en obtener la medalla del triunfo que no puede ser otra que aprobar los exámenes con excelentes calificaciones.