Proteger las costas cubanas. Foto: Tomada de InternetLa posición geográfica de Cuba propicia que quienes traen las drogas pasen por aquí antes de seguir a otros países que son destino final y de hecho, mayores consumidores. Tengamos presente además que el flujo fundamental de cocaína en el territorio nacional está asociado al fenómeno de los recalos, nombre con que son identificados los alijos abandonados en altamar por los narcotraficantes y que las corrientes marinas arrastran hasta las costas cubanas.
En la lucha contra el tráfico de drogas, nuestro país no está ajeno a la amenaza de este flagelo, desencadenante de conductas que van en detrimento de los valores humanos y en no pocos casos responsable de la muerte. El estado cubano aplica como estrategia contra el tráfico de drogas, una política de tolerancia cero reforzada en la ejecución de las leyes relacionadas con este tipo de delito, a escala internacional. Actualmente se reconoce que la nación antillana es un país de tránsito y no receptor de estupefacientes.
Debemos estar atentos, las drogas tienen muchas aristas, no obstante, el enfrentamiento a nivel mundial tal y como se lleva a cabo, hasta ahora, no funciona, por lo que resulta necesaria la implementación de otras políticas. Las drogas son utilizadas como un negocio, tengamos presente que genera ganancias pero el costo es muy alto, pues está implícito el riesgo humano. Ellas reúnen a círculos inescrupulosos que convierten al consumidor en una marioneta, solo miden las ganancias sin valorar el mundo oscuro de estas sustancias que cierran las puertas al crecimiento personal y limitan el desarrollo social al hacer que aparezcan entonces sujetos proclives a la violencia, la corrupción, el delito y la muerte.
Cada año se reúnen autoridades de todos los niveles, especialistas y censores en el debate del tema de las drogas. Los argumentos coinciden y reclaman centrarse en las personas y no en las sustancias; de ahí que se impone promover el desarrollo económico y social de los pueblos, por igual, sin restricciones. El reto está en proyectarnos por el mejoramiento de las condiciones económicas y sociales en cualquier parte del mundo como un derecho universal para que no existan diferencias y se logre la equidad e igualdad a partir de contar con los recursos, al menos imprescindibles para una vida con calidad.
Los delitos relacionados con las drogas tienen varios marcos sancionadores, en dependencia de la peligrosidad social, el consumo no se sanciona, pues se trata de una persona enferma. No obstante, es necesario aplicar mayor severidad contra aquellos que tienen ambición y no se limitan, por ello merecen que la fuerza de la justicia recaiga sobre ellos al poner en riesgo la vida de otros.
No escatimemos esfuerzos en el combate contra las drogas. Para el logro del objetivo es necesaria una mayor comunicación desde el hogar donde los miembros de la familia se preocupen y ocupen por la educación y formación de niños y jóvenes, además necesitan de un mayor protagonismo otros actores de la vida social tales como maestros, autoridades locales, políticos, trabajadores de la salud en la labor preventiva para la identificación y reconocimiento de los comportamientos de riesgo que son estimulantes del consumo de drogas.