Día Internacional de la Infancia: una sonrisa feliz

Niños cubanos. Foto: Tomada de InternetNiños cubanos. Foto: Tomada de InternetJosé Martí expresó: "Lo original y enérgico de cada hombre, se deja ver desde la infancia en un acto, en una idea, en una mirada". La mirada de un niño es la posibilidad de recorrer el infinito. Guía su crecimiento personal con esta premisa: "Con tu hijo, hasta los 10 años, sé su maestro, haz que te admire, hasta los 20 años, sé su padre, haz que te ame, hasta la muerte, sé su amigo, haz que te respete", pues la fuerza del amor y del ejemplo es la mejor medicina ante la vida.

Los niños expresan con ingenuidad las ideas. Nos provoca dicha infinita verlos reír, disfrutar del juego en busca de experiencias inusitadas. Ellos son inspiradores de grandes obras, a la vez, la esperanza de sus padres, de un país, de la humanidad, son el mayor tesoro. Debemos procurarle un porvenir mejor en nombre de sus derechos. Cada primero de junio nos asiste la razón y con ello el orgullo de celebrar la efeméride con una gran fiesta que los coloca como actores dueños del presente y con satisfacción de tener garantía para sus sueños. Son afortunados porque el Estado cubano garantiza sus derechos, van de la mano de la gran responsabilidad del Estado.

 

La obra martiana dedicada a los infantes encierra mensajes aleccionadores para todos los tiempos, en virtud de construir un mundo mejor para ellos. Fidel Castro, fiel a las ideas del Apóstol, desde el triunfo de la Revolución se propuso que todos los niños que nacieran en Cuba tuvieran exactamente las mismas posibilidades y que todos aprendieran por igual, a partir de las capacidades que en ellos se desarrollaran. Nuestro país es ejemplo para el mundo en cuanto a los derechos del niño y precisamente ante la celebración del primero de junio como Día Internacional de la Infancia no existe regocijo mayor que saber que nuestros pequeños son felices.

 

Tenemos para con los infantes una deuda, reflexionemos, aún hay muchos que no viven su infancia. En el mundo, unos 600 millones viven en la pobreza y más de 27 mil menores de cinco años mueren cada día por causas evitables. Más de 250 millones de infantes desde cinco a 14 años trabajan extensas y agotadoras jornadas laborales, otros 130 millones no reciben siquiera educación elemental.

 

La realidad en Cuba pone a las claras el derecho a una infancia feliz. Contrasta con las carencias en el mundo pues aún son tan brutales que no tienen garantía para los servicios de salud. Es preciso salvar a los niños, vacunarles, conseguir que tengan un mínimo de escolarización… para luego pensar en el desarrollo de los adolescentes. Así lo define el Fondo de las Naciones Unidas; por ello, si pensamos en la infancia en Cuba el contraste resalta, pues ya tienen desde el nacimiento garantizado los derechos elementales de salud, educación y a la recreación como un derecho al desarrollo. En nuestro país no tenemos que trabajar para inscribir a los niños en la escuela, para sacarlos de las calles o de trabajos clandestinos. Seguimos en el empeño de intentar elevar la calidad del disfrute de sus derechos.