Muñoz Bach. Foto tomada de InternetEduardo Muñoz Bach tenía un universo singular que fluía orgánicamente de la ilustración de libros infantiles, al diseño, el cartel de cine y el dibujo. Nacido en Valencia, España, en 1937, en medio de la Guerra Civil Española, desde temprano se radicó en Cuba.
Formó parte de esa vanguardia de la cultura y el arte que la represión franquista y la guerra echaron al exilio y que enriqueció en panorama científico y cultural de las naciones donde se asentaron. Junto a él cabe citar a Herminio Almendros (el autor de Oros viejos, Había una vez… y tanta literatura inolvidable creada para los niños), Juan Chabás (destacado profesor y escritor, uno de los fundadores de la Universidad de Oriente), Alvero Francés (famoso por el diccionario Cervantes que siguen utilizando nuestras escuelas).
El gallego Posada enraizado en la Villa del Ariguanabo, es también de esa generación marcada por la guerra y el exilio. Esas circunstancias fraguaron en ellos un profundo humanismo, respeto a las esencias culturales del pueblo y pasión por la historia, demostrando una firme voluntad de integración al país que los acogió. Pero sobre todo, fueron ejemplares sus principios de justicia, igualdad e independencia que les permitió integrarse a la gesta emancipadora de la Revolución, a partir de 1959. Es más, muchos de ellos participaron antes en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista y el movimiento estudiantil, obrero y comunista en Cuba.
Evocando el 80 aniversario del natalicio de Muñoz Bach, celebrado con un coloquio y una amplia exposición de su obra en el Museo de Arte Cubano, recordé a Muñoz Bach en San Antonio de los Baños visitando a sus amigos. Ese artista de asombrosa imaginación y creatividad incesante, fue al mismo, tiempo, un sencillo y amistoso hombre de pueblo.


