Foto: Tomada de internet.
En el hogar, justo en el seno familiar se acunan y ajustan los proyectos de la vida de los miembros del núcleo que pueden ser o no numerosos, no obstante, tienen que crearse las mejores relaciones para el intercambio de opiniones con la oportunidad de expresión de todas las partes involucradas, y en especial, se impone la necesidad del diálogo en un ambiente donde predominen el respeto, la comprensión y en ningún caso, la imposición de puntos de vista.
Los adolescentes al arribar a esa etapa de la vida disfrutan de cierta independencia pues comienzan a tomar decisiones acerca de estudios, ocupación laboral, amistades, preferencias y gustos que necesitan de la orientación, supervisión y sobre todo, contar y compartir con los adultos.
Llamo a la reflexión sobre el tema porque en mi opinión los hijos en cualquiera de las etapas de su desarrollo son responsabilidad de la familia. En ella se tienen que cultivar a través del ejemplo y el modo de actuar de cada integrante las conductas futuras de los adolescentes que son expresión de los sentimientos y valores conducidos por los padres y el resto de los adultos. No debemos obviar tampoco la influencia y responsabilidad de la escuela y la sociedad pero en ningún caso sustituyen a la familia.
Tanto en el hogar como en el barrio, en el medio de transporte, o en cualquier lugar público presenciar una falta de respeto, una indisciplina, el maltrato a las personas o bienes, las groserías y el intercambio de frases violentas o la agresión entre adolescentes o con la participación de estos, evidencian que los jóvenes provienen de una familia que desconoce o permite estas actitudes impropias. Insisto que no es justificable pues el protagonismo de los padres, la participación en el desarrollo de los hijos desde que nacen es irreemplazable. A ellos les compete además de garantizarles la alimentación, tiene que velar por el estado de salud, la asistencia a las clases, la disciplina, el comportamiento dentro y fuera del hogar y sobre todo, que sean expresión de modales correctos de educación formal, cívica y ciudadanía con apego a los valores que fueron inculcados a través del ejemplo de los padres en las relaciones interpersonales y con el resto de la sociedad.
Es censurable la actitud despreocupada de algunos padres que no conocen el rendimiento escolar de sus hijos, no conversan con los profesores, autorizan el uso incorrecto del uniforme, no están al tanto de los lugares que frecuentan y con quién lo hacen y otras muestras de que el hijo o hija ya transita por un sendero con muchos tropiezos y que de seguro el saldo será negativo para todos.