Texto y Fotos: Carlos Enrique Rodríguez González
Disfrutar con cada paso. Foto: Carlos E. Rodríguez /RA
Un canto de amor tocó el alma de aquellos jóvenes. El radiante sol iluminó sus humedecidas pupilas. Entonces brillaron, bañadas por la emoción de saberse triunfadores.
La brisa toca la cabellera de las muchachas impecablemente vestidas para la ocasión, con su uniforme azul. Charlas amenas, ensayos del pelotón de ceremonias y la llegada de familiares y amigos al recinto monumentario, marcaron la diferencia.
No faltaron los días del primer encuentro con las aulas. El pasillo central, los dormitorios y la profe exigente, sacudieron con esa magia fugaz los instantes de una tarde. No era necesario el esfuerzo mental. No era un teorema sin solución Era la ocasión perfecta para decir ¡Gracias!
Foto: Carlos E. Rodríguez /RA
Foto: Carlos E. Rodríguez /RA
El respeto a quienes les dedicaron empeño, paciencia, desvelo y consagración, fue su aliado permanente para las emociones. El primer amor, las noches sin conciliar el sueño, por conseguir la mejor nota, el compromiso con los padres de lograr la carrera perfecta y la convicción de seguir un camino, el que forjan con la luz del talento, resultaron la crónica perfecta para una graduación.
El primer amor. Foto: Carlos E. Rodríguez /RA
Un mar de corbatas azules, se desplegó para desafiar al viento, bajo la sombra de los mangos que adornan el recinto histórico. Aquellos muchachos burlaron las distancias, las razas, el género. Se fundieron tomados de la mano y saltaron de alegría. Se sabían triunfadores.
Dejaron autógrafos en blusas y camisas, se tomaron fotos y videos, al final… brindaron para sellar la memorable cita con el adiós a la Humboldt.
Foto: Carlos E. Rodríguez /RA
Cantaron, abrazaron a sus padres, a los amigos del barrio y la infancia. Lloraron en el pecho de esos hermanos y hermanas que forjaron durante tres largos cursos. Un canto de amor, de alegría repartida entre tantos. Ahora un nuevo camino se vislumbra en el horizonte. La universidad y el destino que los lleve a ser profesionales de nuestro país.
¡Gracias por esta vez, alumnos de Humboldt 7! Con ustedes aceleré latidos y volví al pasado, ese que nunca deja de existir.
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