A veces mirar atrás…

Animados cubanos. Foto: Tomada de InternetAnimados cubanos. Foto: Tomada de Internet A veces mirar atrás es recomendable, efectivo y necesario, para los tiempos que vivimos. Repasaba la red social Facebook y un amigo propuso en imágenes, la retrospectiva de muchas canciones infantiles, con las que deleité mis juegos de entonces, y que nada tienen que ver con las que hoy en día, cantan o bailan los pequeños de este siglo XXI.

A veces mirar atrás es la mejor manera de percibir, cómo se desarrollan nuestros infantes en la actualidad. Facebook hizo humedecer mis pupilas de nostalgias, percibí el erizamiento que recorre el cuerpo y llega al alma, y  no pude explicar, cómo y por qué, ahora somos tan diferentes.

Aquellas canciones, en la voz de Teresita Fernández, Consuelito Vidal, Miriam Miel o Edwin Fernández, quedaron para siempre. Todavía las escucho, acudo a sus imágenes y paralizo el almanaque. ¿No te sucede igual?

“Barquito de Papel”, “Tin tin, la lluvia”, “El gatico Vinagrito” y tantos temas que hicieron las delicias de los que nacimos en la década del sesenta y setenta, recorren el mundo en la red social y te invitan a la reflexión.

Esas canciones son más que necesarias en la discografía de los pequeños, de la era dos mil. Liuba María Hevia y Lidis Lamorus, pegaron con sus canciones en el gremio infantil, pero la fuerza del reggaetón es superior.

 Los cumpleaños, las fiestas de fin de curso o los encuentros familiares, pretenden vender a nuestros niños como “avanzados”, “modernos”, “en talla” con la moda musical”. Estereotipos de perfectos bailarines con estridentes movimientos pélvicos, a la altura de los temas más actuales.

Piezas musicales que ni dicen, ni enseñan, muy por el contrario, no se ajustan a los métodos de academia, cuando se hable de enseñanza artística o formación. La moral en los “príncipes enanos” que nos regala José Martí en su “Edad de Oro”, se educa, se forma, se fortalece.

Otros tiempos, otra música, otra generación, pero los cánones de la educación están claros, son los mismos desde la existencia humana. No quemar etapas y enseñar al niño a crecer entre colores, ritmos adecuados a su edad y canciones que reflejen su mundo interior, es la mejor forma de convertirlos en hombres y mujeres de bien.

A veces mirar atrás es la fórmula perfecta. Hazlo junto a los que peinan canas en tu familia, es la mejor lección para tus hijos, tus alumnos o tus vecinos de la cuadra. Tenlo por seguro.