Piropo: admiración, halago, elogio

Foto: Tomada de internet.Foto: Tomada de internet.Por estos días mientras transitaba una de las avenidas más concurridas de mi pueblo, San Antonio de los Baños, escuché decir en tono alto y poco reservado, una frase nada halagadora a mis oídos, de un joven que intentaba seducir con sus palabras a aquella mujer hermosa que engalanaba la avenida.

Para los efectos del supuesto galán era un piropo, para mí, la manera más grosera de referirse al género femenino. La muchacha de pelo largo y hermosa silueta, volteó la mirada y sin palabras, respondió al inapropiado atrevimiento. Entonces se generó la polémica, comenzaron las comparaciones y surgieron criterios adversos de la juventud de estos tiempos.

Del piropo a la grosería la distancia es bastante larga. Corren tiempos donde la cortesía se pierde y los detalles de una flor, un poema o sencillamente recurrir al estribillo de alguna canción, resultan obsoletos, extraños. Algo de otra galaxia para el siglo veintiuno.

Casos como estos proliferan a diario y la mujer, divina criatura concebida para amar, es denigrada en cada una de esas frases. Compararlas con animales e invitarles a episodios cual si revivieran al mítico “Tarzan” en su propia selva, resultan ejemplos claros de la baja cultura del amor que reina en los jóvenes de hoy. Una verdadera asignatura suspensa para las nuevas generaciones, esas que movidas por el reggaetón y sus vulgares temas, laceran el espíritu humano y la belleza femenina.

¿Dónde enseñar entonces la manera más elegante de salvar al piropo? ¿Es que los tiempos actuales no lo permiten? Soy de los que piensa que se logra desde el hogar, con la cortesía y el respeto de los niños hacia las niñas, como lo escribiera José Martí. Salvemos entonces al piropo elegante, tierno y perfumado para que sepulte la grosería, lo chabacano y burdo que a diario intenta sustituirlo.