Abril: la historia y una nación cuna de hombres y mujeres apegados a los ideales, palpita hoy. La justicia, la independencia, el amor patrio, la conquista de la libertad, resumen la amalgama de ideas. Revelan en síntesis el espíritu y la pujanza de un pueblo de mantenerse en primera fila, en el combate diario ante las continuas agresiones imperialistas para frenar los intentos de derrocar a la Revolución tras el triunfo definitivo, el primero de enero de 1959.
Cuando en la tarde del 16 de abril de 1961, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución, ya se había iniciado una historia de caminos emancipatorios. Fieles al legado y a las lecciones de lucha, el respaldo popular mantiene en pie la voluntad de no ceder un ápice en el empeño de no abandonar el camino de la justicia y la equidad social.
En mi opinión, el proyecto de país socialista, ese que sigue siendo la máxima aspiración de los cubanos, continúa y da respuesta a la esencia de la Revolución: un país de hombres humildes, capaces de decidir el futuro y participar en la construcción de una sociedad nueva.
A lo largo de estos 56 años de victorias en el orden social, económico, político y cultural llegan al pueblo los cambios y transformaciones. Son hacedores de cada acción, expresión del ascenso en las conquistas de esas aspiraciones desde las primeras leyes: la entrega de tierras para hacerlas producir para el pueblo, el ejército armado de libretas y lápices apuntando para derribar la ignorancia. Enseñar a leer y escribir constituyó el primer paso, con el objetivo de lograr seres que pensaran en su propio destino y en el futuro de la nación.
Arribamos a más de cinco décadas de victorias. Somos faro para América y el mundo. Somos un fallido intento para los sucesivos gobiernos imperialistas en su propósito de dominación y no renunciaremos a ser libres.

