Vilma junto a Fidel y Raúl. Foto: Tomada de InternetLa eterna presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Vilma Espín Guillois, permanece vívida, tierna, con su cabello recogido o a veces cubierto por un sombrero siempre con una tierna sonrisa dibujándole el rostro, vistiendo el uniforme verde olivo o pendiente al trabajo de la mayor organización femenina del país. Marcada por la frescura de la primavera, las imágenes revelan la belleza natural de quien es símbolo de la fortaleza de espíritu de la mujer, perseverante y leal a los principios con una mezcla de sentimientos encontrados a favor del bien común.
La flor en el cabello, la jovialidad y esbeltez dejaron huellas imborrables. En cada fotografía patentiza el protagonismo y ejemplaridad en el batallar por los derechos de la mujer, la familia y la niñez. Las montañas de la Sierra Cristal fueron la segunda casa de la joven luchadora en la última etapa de lucha antes del triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, ese lomerío la acogió y protegió cuando tuvo que dejar la clandestinidad por el peligro que corría su vida, pasó a ser una combatiente más del II Frente Oriental Frank País García. Irradió el ejemplo, creció y multiplicó el accionar.
El tributo a la heroína de la sierra y el llano es permanente ante la piedra monumento que atesora sus cenizas en el mausoleo a los héroes y mártires del II Frente Oriental Frank País García, todas las féminas en especial en el día de su nacimiento, el 7 de abril; el 18 de junio día de su muerte; en el Día Internacional de la Mujer o en la fecha de creada la Federación de Mujeres Cubanas, el 23 de agosto, le dedican flores.
Vilma dejó la impronta en toda la obra social de la Revolución. Es presencia permanente, abrió los senderos hacia la plenitud de vida para las cubanas en que aún hoy se esfuerzan para el logro del empoderamiento en la sociedad. Enfrentó los vientos huracanados de la redención, no la detuvo nada, derribó las puertas y abrió ventanas. Vistió de falda la Revolución Cubana y le confirió la matriz de la ternura, desde los cruentos años de la montaña y el llano. Desafió con suma feminidad los desamparos de género y familia que subyacían y aún subyacen en la gran liberación del ser humano.
La eterna presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Vilma Espín Guillois, permanece vívida, tierna, con su cabello recogido o a veces cubierto por un sombrero siempre con una tierna sonrisa dibujándole el rostro, vistiendo el uniforme verde olivo o pendiente al trabajo de la mayor organización femenina del país. Marcada por la frescura de la primavera, las imágenes revelan la belleza natural de quien es símbolo de la fortaleza de espíritu de la mujer, perseverante y leal a los principios con una mezcla de sentimientos encontrados a favor del bien común.
La flor en el cabello, la jovialidad y esbeltez dejaron huellas imborrables, en cada fotografía patentiza el protagonismo y ejemplaridad en el batallar por los derechos de la mujer, la familia y la niñez. Las montañas de la Sierra Cristal fueron la segunda casa de la joven luchadora en la última etapa de lucha antes del triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, ese lomerío la acogió y protegió cuando tuvo que dejar la clandestinidad por el peligro que corría su vida, pasó a ser una combatiente más del II Frente Oriental Frank País García, irradió el ejemplo, creció y multiplicó el accionar.
El tributo a la heroína de la sierra y el llano es permanente ante la piedra monumento que atesora sus cenizas en el mausoleo a los héroes y mártires del II Frente Oriental Frank País García, todas las féminas en especial en el día de su nacimiento, el 7 de abril; el 18 de junio día de su muerte; en el Día Internacional de la Mujer o en la fecha de creada la Federación de Mujeres Cubanas, el 23 de agosto le dedican flores.
Vilma dejó la impronta en toda la obra social de la Revolución, es presencia permanente, abrió los senderos hacia la plenitud de vida para las cubanas en que aún hoy se esfuerzan para el logro del empoderamiento en la sociedad. Enfrentó los vientos huracanados de la redención, no la detuvo nada, derribó las puertas y abrió ventanas. Vistió de falda la Revolución Cubana y le confirió la matriz de la ternura, desde los cruentos años de la montaña y el llano. Desafió con suma feminidad los desamparos de género y familia que subyacían y aún persisten en la gran liberación del ser humano.