La educación: un proceso de abrir puertas

Preparar al individuo para la vida social es una responsabilidad compartida. De ahí que la formación de valores es un fenómeno bio-psicosocial. Tengamos presente que los niños aprenden hábitos y costumbres que de manera gradual incorporan al comportamiento y actuar cotidiano coincidamos que es de vital importancia el ejemplo en la convivencia con otras personas y consigo mismos y ello abarca todos los planos en que se desarrolla, de esa experiencia adquieren el poder de discernir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo honesto y lo deshonesto.

Coincidamos en que los valores son en realidad, los significados globales de las experiencias, emociones, costumbres y estilos de vida del hombre. La incorporación de los mismos a la conciencia de cada persona es un proceso gradual que depende de distintos factores externos y condiciones internas en que se desenvuelve.

Entre los valores esenciales que consideramos necesarios potenciar a partir del alcance, las dimensiones y la proyección social se encuentran, el amor al trabajo, a la patria y a su historia, a la familia, a los niños y ancianos, a la naturaleza, asimismo el desarrollo de la honradez, el humanismo, la honestidad, la solidaridad, el sentido del bienestar común, la educación en los deberes y derechos del ciudadano y la disciplina social, en síntesis valores que se concreten en un hombre sincero, honrado y culto capaz de enfrentar los retos sin hacer concesiones de principios. La integración de todos no sólo permite la formación de un hombre más pleno espiritual y culturalmente, sino también más preparado para enfrentar las relaciones sociales y humanas sin las cuales sería muy difícil convivir en la sociedad actual.

La correspondencia entre escuela, familia y sociedad parte del respeto a la individualidad y por tanto, estará marcado por el trato que reciba cada uno en el tránsito por la vida que debe ajustarse a la necesidad de atención que reclame. Por tanto, en el sentido más amplio de la palabra, en la educación participamos todos. Es una labor humanista dado que su objetivo es hacer crecer espiritualmente al hombre. De ahí que todos los métodos de comunicación que establezca el maestro con sus educandos deben estar basados en el hecho de que está tratando con otro ser humano, y también, que todo encuentro entre alumno y profesor va a dejar una huella que puede ser favorable o no. Cuando uno de los dos roles no tiene en cuenta la dignidad del otro, se transgrede la moral y la ética del otro.

Estamos llamados a desarrollar una escuela y una sociedad más inclusiva. Para ello debemos perfeccionar el proceso de aprendizaje, la relación entre áreas del saber y la vinculación con la situación sociocultural con total participación de la familia sin desatender a las particularidades de cada estudiante, para que pueda realizar su camino de aprender, que es el verdadero camino de la vida donde su pasado, presente y futuro se unirán, cobrando verdadero sentido. Pensemos siempre en la relación escuela y familia entonces, como un abrir puertas, en franco compromiso donde la escuela logre que esa familia colabore en la formación, al conocimiento y al modo de actuar en público, resultado de esa tarea conjunta de formar a los niños y niñas.


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