Artemisa. Foto InternetEl tema no da lugar a indiferencia. La división político-administrativa y rediseño de las estructuras del Estado, -dos sucesos que ocurrieron al unísono en una provincia formada por 11 municipios y más de un centenar de asentamientos- le han seguido otros procesos que ocurren en la conciencia individual y colectiva y pertenecen a la cultura (Cultura no solo como creación artístico-literaria, sino como forma de vida).
Ruptura y continuidad, conocimiento y autorreconocimiento, articulación y empoderamiento, son procesos visibles en el pasado y en la experiencia de las antiguas Habanas y de otras provincias surgidas en 1976. Esto tiene expresiones en sus espacios artístico-culturales, en el papel de los medios de difusión y en las fortalezas histórico-sociales que nos unen. Más que subrayar nuestras diferencias con Mayabeque, debemos legitimar nuestro camino en la historia y proyectar nuestras esencias nacionales en las nuevas generaciones. Esto entraña una enorme responsabilidad política.
La nueva provincia ha de servirnos en primer lugar, para renovar nuestra inserción en la cultura, el pensamiento y espiritualidad de la Patria, y en segundo lugar para enaltecer nuestra historia fortaleciendo lo que nos identifica y une, derrotando cuanto nos debilite y fragmente como principio martiano y fidelista, y regularidad que ha formado nuestra nacionalidad. Artemisa ha hecho aportes sustantivos a la formación de la nacionalidad cubana. Legó caracteres propios al desarrollo del mundo caribeño y latinoamericano (en lo agrícola, lo técnico, lo industrial, lo económico, lo sociocultural, lo religioso y lo artístico-intelectual).
Ha mantenido desde el siglo XIX un desempeño económico, social y cultural extraordinario y poco estudiado. Su intenso tejido de comunicaciones, mercado e intercambio artístico-cultural ha sido una contribución significativa ala Nación. Asimismo, ha sido escenario de ideas avanzadas en todos los campos. El movimiento intelectual, científico y sociológico, desde el siglo XVIII hasta el presente, tanto como la lucha social y revolucionaria más significativas del siglo XX, encontraron aquí talento y energía renovadora.
En un mundo, donde la globalización nos invita a olvidar el pasado, rendir culto a la moda pasajera, lo efímero y banal, cambiar el verdadero conocimiento por los chismes de intimidad, a pisotear los sentimientos e implanta la filosofía de la no participación y la irresponsabilidad, debemos afincar nuestros valores, conocernos y proyectarnos para Cuba y el mundo.


