La Dulce Quimera hecha realidad

Rodolfo Chacón. Foto: Archivo de Radio AriguanaboRodolfo Chacón. Foto: Archivo de Radio AriguanaboEl artista verdadero encarna siempre una indeclinable vocación pedagógica. No basta con crear, sino también transmitir las experiencias acumuladas y las energías por alcanzar dimensiones más altas y acabadas en la creación.

Este es el ejemplo del ariguanabense Rodolfo Chacón, tenor de la Ópera Nacional de Cuba y profesor de canto en prestigiosas academias del país, realizó incontables giras en Cuba y en una decena de países. Trabajó con Alina Sánchez, Adolfo Casas, María Eugenia Barrios, María Esther Pérez y los maestros Rodrigo Prats y Rafael Somavilla, entre otros. Arte y magisterio van de la mano por su vida. Hacia el año 2000, fundó un proyecto de trabajo cultural comunitario, que la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) animó desde sus inicios. Enamorados del bell canto y en general de la música, encauzó a un grupo de niños y jóvenes por los caminos del arte (y por qué no, por la cubanía, el patriotismo y la ética).

No solo aficionados con talento y aptitud, también adolescentes y niños con necesidades educativas especiales encontraron en el canto una alternativa de desarrollo personal y de integración social. Varias generaciones han transitado ya por sus cursos y talleres. Varios, forman parte del Teatro Lírico y otras compañías del país; otros concluyen estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA).   

Al propio tiempo, fueron nucleándose padres, familiares y amigos que seguían las diversas actividades del proyecto. Surgió así un público amante y conocedor de la mejor música cubana, capaz de interactuar y llenar de sentidos y emoción sus clases, ensayos, presentaciones y conciertos. Se trata de un público que siempre participa desde el interior del escenario, y no solo como espectador. Su alma y su esfuerzo contribuyen a sostener ese movimiento que hoy conocemos como La Dulce Quimera, Premio Nacional de Trabajo Cultural Comunitario en 2009.

Y en efecto, como reza la romanza de Leonardo, en la zarzuela Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig, el esfuerzo de extender el buen arte a las nuevas generaciones y hacer suya la tradición cubana, ha sido un sueño acariciado por muchos artistas. Aquellas palabras que le dije a Rodolfo Chacón al comprender la magnitud de su esfuerzo, se convirtieron en el nombre del proyecto. La Dulce Quimera no sería una ilusión irrealizable, sino una realidad cada vez más preciosa y vital. No hay secretos: la dulzura es humanismo, belleza y bondad, y la quimera, un arduo camino hacia la felicidad.


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