Cuando se habla de mujer

Ania Mejías Díaz y sus estudiantes. Foto: Radio AriguanaboAnia Mejías Díaz y sus estudiantes. Foto: Radio Ariguanabo Dentro del ajetreo y los murmullos de una escuela, aquí en el Ariguanabo, encontré, como suele sucederme, una persona que me dejó embobecido con su historia, y es que siempre voy a los detalles porque ahí se esconden infinitos recuentos.

Como decía, esta vez sucedió en una escuela, exactamente en la secundaria José Antonio Echeverría, un lugar  que pareciera desapercibido pero cuando entras y descubres, te das cuenta de que siempre algo nos sorprende.  Comenzó por un trabajo como parte de la agenda editorial que debemos cumplir los periodistas y resultó un grato recuerdo para mi vida.

Ania Mejías Díaz, profesora de esta escuela por más de 8 años en el sector; su pelo torna plateado, pero su espíritu es bien parecido al de sus discípulos. Ania nunca pensó ser maestra, ni siquiera estudio esta profesión. Graduada de diseño, antigua trabajadora de la empresa del tabaco y madre de un hijo que está a punto de convertirse en universitario, son puntos que ella no puede dejar de mencionar y es que a cada uno de ellos le dedicó y aun dedica gran parte de su vida.

Ania es cubana, hace las famosas colas como todos, se enferma y adora compartir con su familia, algo bastante común. Sin embargo, me comenta que es obsesivo el amor  que siente por su escuela, no se haya sin estar un día fuera de su aula a la que define como un lugar sagrado en el que se encuentra con ella misma, su casa, un aula que va más allá de ser un espacio en la escuela, sin dudas, es parte de su vida.

El estudio de su carrera relacionado con el diseño le permite hoy impartir clases de educación laboral, tarea que cumple a diario en sus grupos con los que está comprometida por largo tiempo. Obligada a superarse y perfeccionar sus funciones dentro del plantel, sus clases están llenas de adolescentes con rasgos personales que los hacen diferentes y ella, como toda una profesional, sabe regalar cariños, formar valores y cumplir con la atención diferenciada con aquellos que se quedan rezagados.

Cuando entrevistaba a esta maestra, me di cuenta que muchos preguntaban por ella, compañeros, alumnos; y juntos llegamos a la conclusión que esta escuela ya la tiene como algo imprescindible y es que así lo ha demostrado. Ania, como popularmente le decimos, está en todo, casi que ni alcanza, pero es digno de reconocer su esfuerzo; madre, amiga, y ariguanabense, creo que la fórmula perfecta para ser ejemplo.

No caben dudas de que Ania desde su escuela contribuye a enaltecer nuestra Revolución. Ania, como dijera el Apóstol, es de esas personas integradas a un empleo venerable y grato en que se sirve mejor a los hombres y se padece menos de ellos.