Entre máquinas y tejidos (+Fotos)

Enseñar y asesorar. Foto: Radio AriguanaboEnseñar y asesorar. Foto: Carlos E. Rodríguez /RA Cuando se menciona a San Antonio de los Baños, viene a nuestra mente la cultura, la tradición campesina y poética de sus hijos y los emblemáticos sitios de su geografía. También se habla de sus deportistas, médicos, ganaderos y científicos. Nuestro Ariguanabo es también un pueblo textil con sus diferentes talleres y su exquisita producción para distintos sectores de la sociedad. Muchas mujeres con excelente trayectoria laboral, despiertan el interés de quienes visitan el pueblo.

Entre ellas aparece Maida Aguilar López, una guantanamera que bebió el agua de nuestros manantiales y quedó cautivada, al extremo de vivir en San Antonio de los Baños desde hace 35 años.
 
Encontrar a Maida no fue tarea difícil. Preguntamos por ella en la Empresa de Confecciones Ariguanabo y enseguida nos dieron sus coordenadas. Llegar al Taller 102 Abel Santamaría, centro laborar que dirige, fue igual  que verla en pleno ejercicio de lo que ella misma confiesa, es su hobby: organiza papeles, repasa la calidad de las producciones, ayuda en la cocina y atiende a las visitas, todo ello está entre sus prioridades diarias.
 
Al saber de nuestra estancia en el taller, vino a nuestro encuentro y luego del saludo y la bienvenida con una taza aromatizada por un buen café. Iniciamos nuestra conversación.
 
¿Qué es para usted San Antonio de los Baños?
La casa grande que acogió mis sueños de mujer, madre, dirigente y federada. Aquí he logrado todo lo que soy como trabajadora. Aquí me enamoré y tuve mis tres hijos. Creo que San Antonio de los Baños, me recibió como una hija y lo agradeceré siempre.
 
¿Y la empresa Confecciones Ariguanabo?
Otro de mis grandes amores. Y le digo más, no solo la Empresa, sino este taller que tanto amo y al cual me debo en cuerpo y alma. Aquí me paso casi todo el día. Llego antes de las siete de la mañana y me voy a casa después de las ocho o las nueve de la noche. Cuando mis trabajadores se marchan a las cinco de la tarde, entonces es que me siento en la oficina a preparar los papeles y revisar los planes de producción y la economía. La exigencia es vital. Foto: Carlos E. Rodríguez /RALa exigencia es vital. Foto: Carlos E. Rodríguez /RA
¿Siempre has sido la directora del taller?
No, comencé como costurera y estuve en esa labor por espacio de tres años, unido a ello, fui auxiliar del Jefe de Brigada. Después pasé a cumplir mis funciones actuales y aquí estoy desde hace diecisiete años.
 
¿Cuáles son las principales condiciones que debe tener una mujer dirigente para lograr resultados en el trabajo?
Ser incondicional a la Revolución con cualquier tarea que asigne el Partido y la dirección de la Empresa. Luego, mostrar sentido de pertenencia, disciplina, humanidad y comprensión con el colectivo que diriges, pero sin dejar de ser exigente, para que todo marche por el buen camino.
 
¿Cómo llevas la dualidad de mujer y dirigente?
Con el mismo amor y empeño de siempre. Claro, tengo la dicha de contar con un excelente apoyo familiar, sobre todo de mis dos hijas. Ellas me adelantan mucho las cosas de la casa, y cuando llego no tengo que pensar en esa responsabilidad. Aunque tampoco me gusta que lo hagan todo. Usted sabe cómo es una de quisquillosa para el hogar. Siempre hay algo que hacer y ellas también necesitan su espacio. Siento satisfacción en ese sentido, porque me comprenden y apoyan. Saben que soy feliz con la tarea que realizo y comparten conmigo alegrías y asperezas de mi labor como directora del taller.
 
¿Momentos malos como directora?
Malo creo que he tenido uno solo y fue el paso del huracán Charley en el año 2004. Aquello fue apoteósico. Pasé el ciclón en el taller y tuve la amarga experiencia de ver como las ráfagas de viento se llevaron todo el techo. Pero entre lo malo, logramos que no se perdiera ningún recurso, pues los tejidos estaban a buen resguardo y todas las máquinas se taparon con nylon y se aseguraron bien.
 
¿Y buenos?
Muchos. Creo que todos los días recibo algo bueno en mi taller y eso me hace sentir feliz. Le puedo decir que ostentamos un diploma enviado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, felicitándonos por la confección de todos los trajes de gala de la Revista Militar por los cincuenta y sesenta aniversarios de la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución Cubana.

Además fuimos la sede este año, del acto por el inicio de las actividades por el Día del Trabajador de la Industria Ligera en la provincia de Artemisa y todos nuestros trabajadores tienen cumplido su compromiso con la patria.
 
¿Si volviera a nacer, sería otra vez directora de un taller textil?
¡Seguro! Eso no lo tengo que pensar. Este es un trabajo muy lindo. El trabajo es mi hobby y cuando dirijo me siento realizada. No por el simple hecho de ser la jefa de un colectivo, sino porque mis trabajadores representan mi familia y sin ellos la vida se me hace diferente.
 
Un mensaje para la mujer cubana y ariguanabense en su día…
Que sigan la continuidad de la obra revolucionaria para no defraudar la confianza que un día depositó en nosotras el Comandante en Jefe Fidel Castro y nuestra eterna presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas Vilma Espín. Cierro mi agenda de apuntes y asumo el momento de la despedida. Maida acompaña mis últimos instantes en el Taller Abel Santamaría con la sonrisa de siempre y la invitación para un nuevo encuentro.