Ser mujer y llevar luz propia

Foto: Tomada de InternetFoto: Tomada de InternetSer mujer en Cuba no representa motivo alguno de discriminación. Ella dignifica cualquier puesto de trabajo desde los altos peldaños de la Universidad hasta el enigmático mundo de la investigación, en el sudoroso andar por el surco o el ejercicio del poder en cualquiera de las esferas de la legislatura en cualquier rincón de la geografía nacional.

Dotada de una entrañable naturaleza humana, crece y prestigia la especie porque tiene la dicha de haber nacido en una sociedad con derechos para las mujeres. La ves altiva, segura de sí misma, dichosa por sentir la realización suprema no solo concibe a los hijos sino siente por los que aún sin salir de su vientre ama, defiende y los conduce por la vida, le da alas y luego los deja volar porque sabe de la seguridad del vuelo, los atiende junto al resto de la familia. Es eso y mucho más. Con luz propia transita por la vida a pasos agigantados y toma decisiones en los múltiples senderos dentro de la sociedad.

Símbolo de 57 años de madurez, los privilegios, logros y emancipación, reluce en pantalones, porta el fusil, conduce un equipo pesado, logra la realización profesional, alza su voz en tribunas fuera y dentro del país. Cuba está entre las primeras naciones con mayor número de mujeres congresistas. En cualquier campo de la vida brilla por sí misma no obstante a que persisten en el interior del hogar y en la conciencia de muchos, los prejuicios. La mujer se libera pero en el hogar soporta la carga de trabajo más pesada, enfrenta carencias económicas y la violencia aunque es un fantasma real y nieguen o disimulen su presencia.

Cuenta la mujer con la FMC, la organización concibe el abrigo, el amparo, no obstante, tenemos que acercarla más a aquellas menos realizadas, silenciadas porque la sociedad cubana necesita de una estructura más útil con personalidad propia desde el barrio y que ponga en práctica los programas de orientación a la mujer y a la familia, diseñen cursos, se faciliten empleos y se preste ayuda psicológica y protección para que logre la auto-reafirmación. El trabajo debe perfeccionarse, se necesita desterrar formalismos, ser mucho más horizontal, participativa y original. Sólo así recobrará el empuje de otros años y será atractiva para las más jóvenes.

Las leyes y las políticas son mucho más fáciles de cambiar, aún en algunos casos la mente humana se niega al salto. Los prejuicios se arraigan y es que ese tipo de cambio necesita de más tiempo, apenas dos generaciones no son suficientes. Aún hay que multiplicar experiencias dentro de la voz colectiva de la mujer.