Foto: Tomada de InternetEl poeta traduce los sueños, las frustraciones, la soledad, la dicha, la inexplicable experiencia de la muerte como el laberinto oscuro que nos espera, la felicidad o la desdicha, el amor o el desamor, la libertad del alma, todas pruebas inevitables que nos depara el tránsito por la vida.
El poeta, gracias a ese don mágico de la expresión, nos revela el poder de la poesía que radica en la fuerza tremendamente concientizadora que tiene en sí misma y la influencia que ejerce en los seres humanos.
Nadie se hace poeta. Cada sociedad guarda entre sus memorias a estos grandes hombres o mujeres que empuñan la poesía y la esgrimen en franco desafío o provocación porque nos acompaña y llega como ráfaga a conmovernos. Uno se puede hacer escritor, pero ser poeta va más allá, es un artista debe estar dotado de la fina sensibilidad esa que traduce las fibras del corazón, la inteligencia y grandilocuencia de penetrar en la intimidad del yo colectivo en el afán supremo de que el arte debe servir a la vida.
El poeta hace uso de la poesía, ella es música, sonoridad, es relámpago, fuego, perfume, caricia tierna y cálido abrazo. Convivir con la poesía todos los días, es encontrar el camino, es, sorprendernos, recitando en voz alta.
El deber del poeta es tomar el fuego sagrado y transformarlo en canciones para entregarlo a los demás, llegan los poetas desde las palabras a ser soldados y convertirse, de repente en peligrosos para los gobiernos que pretenden acallar la voz de los desatendidos, de los humillados porque los poemas tienen más poder que muchos fusiles y ametralladoras, llevan en sí el poder de la concientización, el fusil solamente mata al ser físico, las ideas quedan.
La poesía es la expresión de la espiritualidad del poeta. No dejes de creer que las palabras sí pueden cambiar el mundo, esa complicidad del poeta con la sensibilidad humana logra el puente entre los hombres.