Los días que construyeron tus años

Mariela supervisa en su centro. Foto: El AutorMariela supervisa en su centro. Foto: El Autor Ciertamente no existiría un mundo sin que la mujer se convierta en protagonista de historias singulares y que a su vez engrandezcan por siempre la obra de la vida.

Andar por las calles del Ariguanabo me convierte en un amante de la vida y de los años; afanado por conocer a muchos que guardan dentro de su cotidianidad una impresionante historia.

Mariela Arencibia Álvarez, hija de San Antonio de los Baños aún sigue acompañada del mismo amor, sencillez y entrega a su profesión con los que hace 30 años atrás inició su vida laboral en la Empresa de Telecomunicaciones del municipio.

Su voz cortada... una verdadera odisea, provoca que se torne algo difícil conocer su persona,  sin embargo, es impresionante ver cómo sin pensarlo dos veces, comunica sobre nuevas ofertas y posibilidades de la telefonía y las actuales revoluciones tecnológicas, siempre con una seguridad que se vuelve envidiable a quien comparte un momento a su lado.

Mariela es una ariguanabense particular, su trayectoria por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, es bien significativa, fundadora en la década de los noventa de esta institución, donde los adelantos, además de hacer en ella nuevas experiencias, reflejan con pequeños hilos debajo de sus ojos las huellas del tiempo.

Desde una céntrica esquina en la Villa del Humor, está la segunda casa de Mariela: su trabajo, el que la consagró desde los dieciocho años de edad a ser una trabajadora imprescindible de las comunicaciones en el territorio.

Hoy su conocimiento es tan extenso que la obliga a formar generaciones, con las que recuerda su primera vez, cuando aún ni pensaba estar ahí; hoy Mariela es más que una trabajadora de ETECSA en la división. Mariela es ese granito de gente que llega y deja un legado convirtiéndolo para muchos en un tesoro.

Mariela orgullosamente forma parte de las telecomunicaciones en Cuba; hija de donde hay un río, sonrisa mágica y nombre imprescindible que seguirá siendo esa fuente donde brota, sin descanso, la grandeza de su corazón.

 

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