El rincón de la nostalgia

Hay épocas que la nostalgia se pone de moda. Aquí, como en otros sitios de la geografía nacional, son concurridísimos y frecuentes los encuentros de la década prodigiosa, o sea, las Peñas del Temba.

Las generaciones que hoy sobrepasan cuarenta y cincuenta años de edad desempeñan importantes roles en la vida social, económica y familiar. Esto también se refleja en la cultura y la recreación, por lo cual es obvio que esas tardes con la década prodigiosa sean muy populares y no solo para tembas sino para muchos jóvenes.

Culturalmente, en la música de las décadas sesenta y setenta del siglo XX se encuentran los elementos armónicos, rítmicos y estéticos del actual panorama musical. Sin el pasado es imposible comprender el presente y mucho menos atisbar el futuro. Para la juventud resulta familiar el aire de esas viejas melodías que, de sus padres, se convierten también en sus propias canciones.

La estructura de aquellos grupos musicales, las fusiones rítmicas que realizaban, la mezcla de sonoridades e instrumentos provenientes de las más diversas culturas, la libertad del baile como medio de liberación espiritual, de expresar energía y juventud, siguen siendo las bases de la música de hoy.   

Entonces basta con un mínimo de organización y un lugar de encuentro, para que comiencen a aparecer discos y memorias flash con música de la época, improvisadas agrupaciones y descargas a guitarra limpia que recuerdan a Joan Manuel Serrat, Los Beatles, Rita Pavone, Nino Bravo o Raphael, Juan y Junior, Fórmula V o la orquesta Aragón, los años del Festival Internacional de Varadero, el inicio del programa Nocturno y las colas interminables para filmes que hoy parecen neanderthales (La vida sigue igual, por ejemplo). Basta una oportunidad y salta la nostalgia…

Pero a veces la felicidad y los buenos propósitos sucumben al interés mercantil que convierte esas peñas en bebederos de ron, sitios vulgares e inseguros, siempre al punto de la indisciplina, la grosería o la fealdad.

Pasa el arte y queda el negocio. No negamos la venta de bebidas alcohólicas en tales espacios, como provecho cultural y recreativo. Pero la suciedad, la mala calidad del servicio y el expendio de ron “bautizado” desde horas inadecuadas, nada tienen que ver con una edad que mira el valor de su pasado con respeto y amor.