Febrero convierte a Cuba en la isla de los libros. Del 9 al 19, la Feria tiene como escenario la capital para luego recorrer toda la isla. Dedicada al intelectual y revolucionario Armando Hart y a Canadá como país invitado, la feria pone a la luz 700 nuevos títulos de 86 editoriales nacionales y casi 300 del extranjero. Todo esto sin contar el amplio programa de presentaciones, conferencias, coloquios, proyecciones y conciertos que acompañan el más grande evento cultural cubano.
Sin embargo, ¿qué ocurre con la lectura actualmente en Cuba? ¿Leemos más?
No es secreto que hoy el mundo tiende a leer menos. La era digital y los medios audiovisuales tienen cierta responsabilidad en ello. Aunque no toda. Navegar en la web y conectarse a las redes implica una importante dosis de lectura; pero al mismo tiempo, los video-juegos, los musicales, series y telenovelas nos distancian de ella y hasta conspiran en su contra. La industria del ocio con su espectacularidad complaciente, su violencia y los chismes sobre la vida privada es otra causante de que nos distanciemos de los libros.
Estas y otras razones han hecho anunciar a más de uno la muerte del libro. Igual ocurrió con el teatro cuando surgió el cine, o con este último cuando nació la televisión.
Recientes encuestas realizadas por el Centro de Estudios Culturales Juan Marinello, el diario Juventud Rebelde y otras instituciones educativas refieren que en la preferencia lectiva de jóvenes y niños se dirige al cuento, la historieta, la novela y la divulgación científico-técnica.
Todo ello puede hallarse en la feria que se avecina, y aún más: libros de colorear, de pasatiempos, de cocina, de consejos para el hogar, la salud o la moda, los cuales constituyen una puerta al conocimiento y a otros libros de saberes infinitos.
Lo importante es la incitación. No dejar pasar esta feria sin despertar la sed de conocer y descubrir, sin avivar el ansia de belleza, curiosidad y vida que traemos al nacer.
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