Pregonero. Imagen: Tomada de Internet
No lo dude, somos los cubanos extrovertidos, alegres, ocurrentes, originales. De la cultura tomamos el pregón y lo permeamos de nuestra idiosincrasia, los orígenes se remontan a la época colonial. Ese método tradicional inspiró a grandes músicos cubanos por el ritmo, característico y tonalidad de los intérpretes, identifica el andar con el producto a cuestas y vender.
Los pregones son expresión del argot popular, la población los agradece, llenan de gracia el ambiente y la mercancía circula con el toque personal de darle promoción a la venta y en no pocas veces, le saca del apuro, las personas sonríen y se animan al oír y ver las ofertas que traen. Los pregoneros caminan por las calles siempre con la sonrisa dibujada en el rostro.
En escenarios diversos le imponen un sello singular y funcionan como anillo le viene al dedo o mejor como cinturón, a esa mujer o hombre que anima la cotidianidad, irrumpe la vida y se mezcla con el ir y venir. Llevan el firme propósito de enamorar y lograr que le compren algo de las ofertas y le digo más, son a veces las más inusitadas mercancías: goma loca, palitos de tender, el sabroso cucurucho, culeros desechables, el coquito prieto, la tortica y hasta el veneno para la suegra, no, no, no se asombre... es pura gracia para atraer y que lo sigan en su obstinada manera de vender.
Unos marcan época con su modulada voz, desafían las condiciones climáticas, eso hace la vendedora de panetela, flan, flan panetela a quien nada la detiene, no importa el frío o la llovizna, la lejanía entre la zona alta o el Palenque. Ella irrumpe con su dejo y la oye siempre acompañada de su bicicleta ah, ah y del endulzado producto.
Comerciantes andariegos, en el diario empeño de atraer al cliente y ese es el mérito para vender, claro siempre vender, y así usted oye con un marcado desánimo: máquina de afeitaaar o ¡vaya, vaya se acabó el abuso!, aquí tiene mariquitas, chicharritas, chicharrones, tamales, !aguacate, aguacatón, para todo el familión" o los reparadores de todo tipo de artefactos -como colchones, cocinas y ventiladores- y los compradores que ofrecen buen precio por frascos vacíos de perfumes "de marca", botellas, relojes rotos, y que me dice de "¡Se compra cualquier pedacito de oro!", ese sorpresivo pregón que apareció un día en la ciudad, y que se convierte en frase popular y motivo de broma entre muchos cubanos, protagonistas de una costumbre centenaria que en estos momentos renace y se revitaliza con pinceladas de humor que sin lugar a dudas, se inserta al desarrollo de la sociedad y mantiene la vitalidad con el paso de los años.
Hoy al pregón se suman otros tipos de mercancías a las cuales el musical comerciante le agrega nuevos matices y elementos de la contemporaneidad y así, sigue vivo.