Amor a la familia. Foto: Tomada de Internet
Febrero es el mes del amor y la amistad. Este sentimiento tan especial aflora en el ser humano desde que nace. El amor filial siempre lo tenemos presente y se manifiesta en el respeto y cariño hacia nuestros padres (seres que nos dieron la vida), nuestros hermanos y nuestros hijos, a quienes traemos al mundo y conducimos por los senderos de la existencia.
Todos llegaremos al final del camino, seremos ancianos y necesitaremos de la ayuda de los miembros de la familia. Es verdad que cuando estamos en esta etapa de la vida somos más torpes, la disposición a realizar actividades activa disminuye y en ocasiones sentimos miedo a realizar diligencias que antes eran cotidianas, por temor a fallar. En este momento, es donde los hijos juegan un papel fundamental, es el ciclo de la vida “dejamos de ser padres para convertirnos en hijos”.
Nuestros descendientes deben llenarse de paciencia, amor y dedicación para acompañar a los padres a terminar el camino, ese que recorrieron juntos y al cual le dedicaron como padres todos sus esfuerzos y dieron lo mejor de ellos para que sean excelentes seres humanos. Es preciso reflexionar y cuidar a las cabelleras blancas que con su experiencia nos aportan tanto. Demos a los ancianos todo el amor y la ayuda posible, en pago recibiremos al final de nuestro camino el reflejo de lo que hicimos por ellos.