Contingente Henry Reeve. Foto InternetCon regocijo y orgullo recibimos los cubanos la noticia que todos nuestros órganos de prensa publican "La Organización Mundial de la Salud otorgó el Premio de Salud Púbica al contingente médico cubano Henry Reeve, en reconocimiento a su labor solidaria internacional para el enfrentamiento de desastres naturales y epidemias graves".
Este reconocimiento se instituyó en el 2009 en Memoria del Doctor Lee Jong-wook y rinde homenaje a la labor de personas, instituciones y organizaciones con un aporte significativo en el campo de la salud pública. Una vez más los cubanos hacen historia, esta pequeña Isla, asediada por la cercanía del imperio, logra a través de sus médicos erguirse sobre la estrella para poner el nombre de la Patria en el escalón más alto.
El contingente Henry Reeve se formó al llamado del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro. Era necesario formar un ejército de hombres y mujeres capaces de enfrentar los desastres naturales, las epidemias y allí de pie frente al Comandante de las mil batallas, los galenos con sus batas blancas y mochila al hombro, conformaron el pelotón de avanzada.
No importa el lugar, ya sea en el llano o en la sierra, en el remoto Pakistán o en la hermana nación haitiana, allí, prestos hasta para dar su sangre, listos para combatir el ébola, el cólera, para traer niños al mundo en casas de campañas convertidas en salas de parto, sanar una herida o la mordida fatal de una víbora, están los médicos cubanos hermanos de todos, amigos para siempre. En cientos de naciones, quedan niños con nombres de nuestros médicos, amistades, corazones compartidos.
No es un contingente cualquiera. Es un ejército de hombres y mujeres dignos, que izan la bandera de la estrella solitaria para que el mundo sepa que hay médicos cubanos en todas las latitudes.