El delegado: una autoridad política y popular

En Cuba el carácter popular de la forma de gobierno concibe al delegado como la máxima autoridad en cada circunscripción, desde ese escenario se defienden las conquistas de la Revolución, porque en esencia el trabajo es político y estatal.

Entendamos entonces que este líder natural surgió de la voluntad de los electores que él representa, por ellos es tan importante que asuma la responsabilidad de no perder jamás el vínculo con la comunidad y a su vez los electores como protagonistas activos de los Órganos Locales de Poder Popular.

Para garantizar el éxito del mandato durante los dos años que este dura, con el apoyo, el intercambio, la asistencia a los despachos y el accionar de las masas en el barrio, partiendo cada cual del cumplimiento de la legalidad para que reine la tranquilidad ciudadana y se enfrente todo tipo de indisciplina o corrupción.

El desempeño del delegado parte de su principal función, entender los intereses de la población, cuidar de sus necesidades y por ello se vuelve imprescindible el contacto directo, cercano y constante con el pueblo, siempre preparado e informado para que pueda ofrecerle explicación a las inquietudes, atender las quejas, sugerencias y críticas que como punto de partida, puedan aportar iniciativas donde las masas formen parte para así contribuir a solucionar los problemas que los afectan.

En mi opinión la labor del delegado es importante, porque ejerce la autoridad concedida por los electores en función del bien colectivo, lo realizan de manera voluntaria y fuera de sus ocupaciones laborales, por ello se impone dentro de los órganos locales sean más sensibles, responsables y den las respuestas pertinentes, solo así la gestión del delegado será más eficiente, pues coincidamos en que él es la figura que enlaza las expectativas de la población con las estrategias de desarrollo local, ellos tramitan los planteamientos, pero no tienen poderes mágicos, ya que solo les asiste la autoridad política y popular.