Valeriano Weyler. Foto internet
El primero de febrero de 1896, llega a La Habana el nuevo Capitán General de la Isla: Valeriano Weyler y Nicolau. Este tristemente célebre personaje, en su intento por ahogar la insurrección, llevó a cabo una de las medidas más inhumanas y crueles aplicadas jamás en Cuba: la Reconcentración.
En el Ariguanabo se reconcentraron miles de personas provenientes de los campos y de otros términos comarcanos. Los que mayor cantidad de personas aportaron fueron San Antonio de los Baños, Alquízar y Güira de Melena. Al dictarse el Bando de Reconcentración del 30 de marzo de 1898, de los cerca de 7 000 concentrados que hubo en San Antonio, habían muerto unos 1 750. De los sobrevivientes, solo el 40 por ciento se reincorporó a sus lugares de origen. Si calculamos el posible aumento de la población durante el período entre los censos de 1887 y 1899, tomando como índice la tasa de natalidad de 1890 que era de 2,2 por ciento, tendremos que la población debió incrementarse en más de 3 000 habitantes. Si descontamos la alta mortalidad infantil, del orden de los 2,5 por ciento, el aumento real habría sido de poco más de 2 000 personas.
El promedio de muertes diarias por la Reconcentración en San Antonio de los Baños fue de 10 personas. Tal fue el caso que en la sesión del Cabildo, del 8 de febrero de 1897, se acordó nombrar empleados auxiliares a los alcaldes de barrios para que los ayudaran a despachar las defunciones, con el fin de no demorar el traslado de los cadáveres al cementerio. Fue, sin lugar a dudas, la Reconcentración de Weyler una de las últimas cartas que se jugó España en Cuba, para tratar de contener el avance de las fuerzas insurrectas.

