San Antonio contra Napoleón

Foto internetFoto internet Por estos días la televisión cubana transmite, en el espacio de las aventuras cubanas, El Conde de Montecristo. La historia refleja, de manera indirecta, las diferentes posiciones adoptadas por los franceses respecto a Napoleón Bonaparte, a inicios del Siglo XIX. Y es que con la ocupación napoleónica de Francia se desatan las pasiones, incluso fuera de las fronteras del país galo.

Con la destitución de Fernando VII y la imposición de Luis Bonaparte en el trono español, en la metrópoli y sus colonias se tomaron medidas urgentes. Desde la sede del gobierno colonial en La Habana, fue enviada una circular con fecha 28 de julio de 1808, a toda la jurisdicción y en particular al señor Marqués de Montehermoso. En la misiva se precisaba que todos los franceses existentes en la Villa de San Antonio, que no estuviesen naturalizados ni prestaran juramento de fidelidad y vasallaje al Rey de España, debían abandonar la Isla con la mayor brevedad. Alertaba el Capitán General que los galos cuya conducta estuviese acorde a la del buen español, debían reiterar el juramento de fidelidad al católico monarca. Eran tiempos en que la adopción de una u otra posición política, marcaba la permanencia de esas personas en la mayor de las Antillas.

El Marqués de Cárdenas de Montehermoso respondió al Capitán General el 18 de abril de 1809. En su carta precisaba que mientras las huestes españolas triunfaran contra “los satélites del vil Napoleón”, no habría inconveniente en que los franceses permanecieran en San Antonio. Su apreciación respondía a que estos resultaban muy útiles a las artes y la agricultura. Pero si ocurría la menor desgracia, era de la opinión que salieran cuanto antes de la Isla. Quedaba reflejada así la posición acomodativa de la máxima autoridad política de la villa del Ariguanabo respecto a la presencia francesa.