Como la primera vez

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Todavía se escucha el clamor del pueblo aquel 17 de enero de 1959. Artemisa saludó al barbudo de la Sierra Maestra. Aquel Dios, vestido de verde olivo, que asaltó la historia con la humildad de su sonrisa y la valentía de los que luchan por una causa justa.

Transcurre el tiempo y Fidel Castro Ruz, sigue siendo luz en la tierra artemiseña. Sigue vivo en la generación del presente y el futuro de nuestra patria. Sus palabras en aquel inolvidable enero, regresan a la memoria de los que tuvieron el privilegio de saludarle, en el parque Libertad, de nuestra ciudad capital.

Ese día al dirigirse al pueblo de Artemisa les dijo: "Hoy simplemente he pasado por aquí y me he detenido para rendir un tributo a los héroes de Artemisa, para rendir tributo a los hijos de este pueblo que cayeron gloriosamente por la libertad de nuestra patria".

Ese era Fidel. Sencillo, humilde, laborioso, inmenso en cada obra, en cada paso, en cada señalamiento. Enero de 1959 nos trajo la gloria con Fidel como líder. Noviembre de 2016, el dolor de no volver a verle. El dolor de acompañarle a su última morada, junto a Carlos Manuel de Céspedes y José Martí.

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Enero de victorias, retos, compromisos. Enero de recuerdos y añoranzas, de regresos a encontrarnos con ese Comandante de pueblo. Volverlo a ver por el Mausoleo a los Mártires, recinto de silencio y paz, de gloria y reencuentro. Allí también estuvo Fidel. Fue su última visita a Artemisa.

Era el 24 de julio 2010. El recinto mortuorio construido el 16 de julio de 1977 en homenaje a los valientes jóvenes caídos el 26 de julio de 1953, en el asalto al Cuartel Mondada, lo recibió. Junto a él, la pertinaz llovizna que acariciaba su traje, sus botas, su barba. También el pueblo que se congregó en el barrio “La Martina” para corear su nombre, para decir presente y saludarle como la primera vez

Fidel, erguido ante sus hermanos muertos expresó: “Me pongo de nuevo mi uniforme verde olivo para rendir tributo a mis amigos”. Cumplía así su promesa de aquel 17 de enero de 1959, cuando sentenció: "Yo les prometo que volveré a Artemisa en otra ocasión para hacer una visita exclusiva a Artemisa"

Volviste Comandante, es cierto. Volviste para quedar entre todos los que te amamos. Estás en el niño que adora su pañoleta azul o roja, en la joven universitaria, en el atleta que logra la medalla de oro olímpica, en el trabajador eléctrico, en el guajiro que labra la tierra, en la mujer ama de casa, en el artista, el científico, el constructor. Estás en cada rincón de tu querida Artemisa, porque como dijera Jesús Orta Ruiz, “Hay sangre de Artemisa brillando en la bandera”.