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Al transitar por las calles de nuestra villa del Ariguanabo podemos apreciar construcciones que datan de la época colonial. Hoy esas edificaciones tienen usos distintos a los de entonces, pero… ¿ha pensado usted cómo se veían esas casas en su interior?
Los ariguanabenses de entonces vivían en interiores desprovistos de aquellas excelencias que el lujo europeo facilitaba. Los muebles se confeccionaban con maderas cubanas. La cama, sin adornos o con pabellón de tela, era un mueble que no todos los vecinos tenían y mucho menos con la ropa adecuada. La gente pobre dormía en cama con esqueleto de tarima y bastidor compuesto de cueros de res. Las personas más desposeídas o las totalmente desheredadas tenían que conformarse con tirar el cuero de la res en el suelo y tumbarse sobre él. Los colchones y las almohadas eran rellenos de lana, mientras que las sábanas eran de lienzo casero. La vajilla y los utensilios de la cocina estaban confeccionados principalmente de barro, posiblemente de factura indígena. Había, desde luego, cerámica importada y piezas de plata como saleros, candelabros y cucharas.
Por lo general las piezas metálicas eran de latón y de aleaciones de zinc, plomo y estaño. Todo ello de escaso valor, duradero y de uso común. Posiblemente eran muy pocos los vecinos que podían tener un ajuar con muchas piezas de plata. No fue hasta 1765 que se generalizaron ciertas manufacturas europeas, cuya baratura y abundancia posibilitó el comercio libre. Ciertamente el lujo que se constataba a finales del Siglo XVIII no era solamente producto de la riqueza del momento, sino también de la penetración de la industria francesa e inglesa, capaz de ofrecer comodidades a bajo precio.

