En familia. Foto tomada de internet.
Donde crece el amor cultivo mis sueños. Es en ese pequeño entorno que se llama hogar, donde crece la familia. Allí anido mis esperanzas y aumenta la fe en el mejoramiento humano de que habló el Apóstol. Comienza el 2017 y soy feliz. Feliz por gozar la inmensa dicha de tener una familia. De vivir en Cuba en una sociedad plena y justa.
La familia, primera escuela de todo ser vivo, es amor repartido, fuente de valores éticos, de cortesía y respeto por los que peinan canas, de admiración a la patria grande y chica.
Es la familia el mejor espacio para crecer sin manchas, para saber que la unidad es el bálsamo perfecto ante las incomprensiones y avatares de la existencia humana. En el seno familiar, crece a diario el amor. Amor testificado en el niño que recibe el beso de mamá antes de partir a la escuela. Amor en la niña que apoya las labores domésticas y quiere crecer entre sueños y añoranzas. La familia enseña, fortifica, alienta el espíritu de victoria aunque a veces mengüen los ánimos. Crece el amor en la familia grande, en el barrio, en la ciudad, en una isla auténtica y vencedora.
Es la familia el mundo interior que me hace crecer. Es en ella donde está mi viejo; ejemplo, estandarte, guía. La hermana, mujer que sabe de entrega, tenacidad y voluntad propia porque conoce que un mundo mejor es posible. El sobrino joven que agiganta sus quimeras y trabaja en busca de sus propósitos, formado en los más exigentes valores del ser humano.
Puedo repetir que soy feliz. A diario crece mi amor porque fue sembrado en familia. Amor al trabajo, a los colegas, a los vecinos. Entonces no queda de otra. Anido sueños y siembro esperanzas. Cultivo amigos, escribo versos, regalo crónicas. Todo en el mejor de los sitios, en familia.

