Tabernas del Ariguanabo (Primera Parte)

Durante la etapa colonial se construían, en las orillas de los caminos, tabernas destinadas a abastecer a los transeúntes. Esos establecimientos tenían una gran importancia para los viajeros, pues en ellas encontraban alimentos y cama. En muchos casos dichas entidades fueron responsables de la formación de algunos pequeños caseríos y asentamientos, como es el caso de San Antonio de los Baños.

Por el año de 1760 se inició el corte de madera en la hacienda de Rancho Boyeros. Una década más tarde las obras de desmonte llegan al interior del Hato Ariguanabo y en 1775 se encuentran en Alquízar. Estas labores posibilitaron el aumento del cruce por el camino real. El tráfico de maderas verdes, para la construcción de barcos de guerra, motivó al isleño Joseph Cabrera, a poner una taberna en medio del bosque recién talado cerca del río. Con el fin de vender aguardiente y víveres a quienes cruzaban por el camino y a los pocos vecinos que habitaban las tierras realengas junto al río Ariguanabo, surgió la Taberna del Tío Cabrera.

Las tabernas coloniales, por lo general, tenían las mismas características. Independientemente de la forma y el tamaño que tuviera la casa, no faltaban en ella un pozo y una Ceiba. Algunas de ellas se mantienen actualmente como bodegas de campo o tiendas del pueblo. En el caso de la villa de San Antonio quedaron dentro del núcleo poblacional dos de ellas: la Taberna del Tío Cabrera y la de La Punta de Rosa. Esta última convertida sencillamente en establecimientos comerciales, aún conserva su nombre original.