El cantautor de la punta de la loma (Final)

Silvio Rodríguez. Foto tomada de internetSilvio Rodríguez. Foto tomada de internetSilvio Rodríguez, virtuoso hijo del Ariguanabo y cronista de la Revolución Cubana, ha hecho realidad con sus canciones la máxima martiana de que “Solo el amor, convierte en milagro el barro”.

En septiembre de 1969, se enrola en el barco pesquero Playa Girón y navega durante cuatro meses y dos días por el Atlántico y las costas africanas. De ese periplo surgieron sesenta y dos canciones, entre las que destacan Cuando digo futuro y Ojalá. Sobre esta etapa de su vida, Silvio ha dicho: “Ver al hombre en constante lucha contra el medio ambiente, ser partícipe de esa lucha, es algo innarrable, emotivo”. A principio de los años setenta empieza a formar parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, donde recibe una completa educación musical de la mano de maestros como Leo Brouwer.

Viaja por Alemania y Chile, participa en el Encuentro de Música Latinoamericana y se dedica a buscar nuevos trovadores por toda la Isla. Se presenta por vez primera en República Dominicana ante un público multitudinario, y graba con sus propios arreglos el álbum Días y flores, con el acompañamiento de la orquesta de la EGREM.

Su discografía abarca los álbumes: Rabo de nube, Unicornio, Causas y azares, y Oh melancolía, de los años 80; la trilogía: Silvio, Rodríguez y Domínguez, producida entre 1992 y 1996; y en los años transcurridos del siglo veintiuno, las compilaciones: Expedición, Cita con ángeles y Segunda cita.

Su lírica incomparable y su fertilidad creativa llenan las radios del mundo de habla hispana con sus grandes temas. Sin ser un artista comercial cuenta con varios discos de oro en ventas y de su cancionero se puede decir que algunos temas son clásicos obligados de la canción latina. Sin dudas, su estatura como artista lo sitúa entre los grandes de la canción de los últimos años.