Marlon Méndez Cabrera. Foto: El autorCon la certeza de lograr su testimonio, volví al encuentro del niño ariguanabense Marlon Méndez Cabrera. Era de noche y jugaba con un grupo de amigos. Al saber de mi presencia, salió corriendo y me estrechó la mano.
Caminamos juntos hasta su cuarto. El sitio de la casa que ilustra las más de cuatrocientas fotos de Fidel. Mira periodista, estas son las flores que le puse al Comandante, para que siga vivo. ¡Qué bellas! le comenté. Brillaron sus pupilas, esbozó una sonrisa y dijo ¿Bueno, periodista qué me vas a preguntar?
Su ocurrencia invitó al diálogo. Sereno, fluido, sin asomo de una lágrima, respondió mi cuestionario. Más tarde, leyó una pequeña nota que le escribió a su amigo, el líder rebelde. Después, relató sus vivencias con Fidel y la familia. Reveló secretos que nunca imaginé pudieran vivir en la mente de un niño.
Así de sencillo e inocente es Marlon Méndez Cabrera. Así es su vida de infante, la que disfruta aunque no aparta de su mente la muerte de Fidel. Nos despedimos. Otra vez estrechó mi mano y dijo. ¡Esta es la casa de Fidel, periodista! La casa donde sigue vivo.

