Repaso por un salón

El cubano Tony Perez. Foto: Tomada de InternetEl cubano Tony Perez. Foto: Tomada de Internet

Hoy pretendemos hacer un repaso por el Salón de la Fama del Béisbol en Estados Unidos para ilustrar la presencia de peloteros de nuestro continente en la MLB.

Solo siete jugadores de Latinoamérica gozan el privilegio de pertenecer al Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas en Cooperstown. El boricua Roberto Clemente fue el primero en el año 1973. Este destacado pelotero llevó a sus vitrinas dos anillos de la Serie Mundial con los Piratas de Pittsburg, exhibe doce Guantes de Oro en su carrera como jardinero y llegó a la cifra de tres mil hits en ese béisbol.
 
El dominicano Juan Marichal, dominó como ningún otro latino el arte de lanzar y para muchos es el mejor lanzador latino de todos los tiempos, lo que le permitió ingresar en 1983 a este Salón. Marichal fue el MVP del Juego de las estrellas en 1965, lanzó un juego de cero hits cero carreras en 1963 y ponchó a 2303 rivales con un promedio de carreras limpias de 2.89. En total ganó 243 juegos y perdió 142.
 
El diminuto campo corto venezolano, Luis Aparicio, reinventó, en su época, el robo de bases y mostró ser la excelencia en la defensa. Es así como en 1984 forma parte de Cooperstown. Aparicio resultó el Novato del año en la Liga Americana en 1956, ostentó nueve Guantes de Oro y ganó la Serie Mundial de 1966 con los Orioles de Baltimore.
 
Para 1991 el panameño, Rod Carew, ingresa al Salón de la Fama. Este panameño fue uno de los bateadores más puros del beisbol por su calidad y dominio con el madero. Fue el Novato del Año en 1967 y desde entonces hasta 1984 jugó los encuentros de estrellas.
 
Ocho años después en 1999 fue incluido en la lista, otro hijo de la llamada “isla del encanto”, Puerto Rico, nos referimos a Orlando Capeda, quien convierte a su nación en el primer país latino con dos miembros del Salón de la Fama con su bate poderoso.
 
Durante dieciséis años en las Grandes Ligas, Cepeda disfrutó el privilegio de jugar siete partidos de estrellas y conectó 379 jonrones con 1365 impulsadas para un promedio de 297.
 
El cubano Atanasio "Tony" Pérez, dejó record de jonrones e impulsadas para latinos en la mayores,  lo que le valió para ser incluido en el Salón de la Fama de Cooperstown en el año 2000, único cubano que hasta el momento posee ese privilegio en Estados Unidos.
 
Por espacio de veintitrés temporadas el avileño conectó 379 bambinazos, impulsó 2732 carreras y anotó 1272 para un average de 279. Siete veces estuvo en el Juego de las Estrellas y resultó el MVP en 1967.
 
No fue hasta el año 2011, que otro boricua, Roberto Alomar, escribe su nombre en Cooperstown. Este intermedista ganó diez Guantes de Oro, conectó 2724 hits e impulsó 1134 carreras, lo que le sirvió para promediar trescientos de average en su paso por el béisbol rentado.
Cuatro años después, el 26 de julio de 2015, otro dominicano Pedro Martínez, se une a esta corta, pero importante lista de latinos que pertenecen al Salón de la Fama de Cooperstown.
 
Martínez estuvo en ocho Juego de Estrellas y resultó el más valioso en 1999, consiguió archivar tres Premios Cy Young y ganó la Serie Mundial de 2004 con los Medias Rojas de Boston. En su brillante hoja de servicios aparecen 219 victorias y 100 derrotas, con un promedio de limpias de 2.93 y 3154 contrarios abanicados por sus envíos.
 
De los siete latinos a los que hacemos alusión en nuestro recorrido, tres pertenecen a Puerto Rico y dos son de República Dominicana, mientras Panamá y Cuba hospedan a un representante en la lujosa lista de agasajados.
 
Sin dudas, estos siete peloteros latinos merecen estar sin discusión en el Salón de la Fama del Béisbol de Estados Unidos. En un próximo trabajo abordaremos los beisbolistas que forman parte del Salón de la Fama del Béisbol en Cuba.