Osvaldo Sánchez Cabrera. Imagen: Luis Alberto DH
En 1939 se inicia una nueva etapa en la vida de Osvaldo Sánchez Cabrera. A partir de entonces lucha denodadamente y se convierte casi en un apóstol de las ideas marxista-leninistas. Cruza el país de un lado a otro aglutinando fuerzas y solicita su ingreso definitivo en las filas del Partido Comunista.
Jugó un papel importante en los años treinta, asesorando al Ala Izquierda Estudiantil y muy especialmente a la Sección Normalista, donde también descolló su compañera Clementina Serra. En la década del cincuenta, con el recrudecimiento de la dictadura batistiana, el Partido Comunista fue declarado ilegal pero no cesó en sus labores. Fue Osvaldo Sánchez, por acuerdo del Comité Central del Partido, la persona que desde los primeros momentos entró en contacto con Fidel Castro.
Al quedar acreditado ante el movimiento 26 de julio, marcha a México y le expone a Fidel ideas relacionadas con el movimiento revolucionario en la isla. Tras el desembarco del yate Granma, en 1956, sirve de enlace entre el Comité Nacional del Partido Socialista Popular y el Estado Mayor de Ejército Rebelde en la Sierra Maestra. En esta arriesgada y difícil tarea utiliza el seudónimo de Rafael. Con gran desprecio de su vida, entra y sale de las zonas guerrilleras. Incansablemente trabaja en la organización de las fuentes de abastecimiento al Ejercito Rebelde en las zonas de Yaguajay y el Escambray.
Participa en la batalla de Santa Clara y entra en La Habana con la columna del Guerrillero Heroico. Después del triunfo revolucionario trabaja con Ramiro Valdés en los Órganos de la Seguridad del Estado, del Ministerio del Interior. En la tarde del nueve de enero de 1961, cuando regresaba en viaje de trabajo desde la provincia oriental, encontró la muerte en un accidente aéreo. El Che, al despedir su duelo, expresó: “Cuando han habido vidas luminosas no puede haber muertes inútiles”. Así fue la vida del mártir de la Revolución, Osvaldo Sánchez Cabrera.

