Fidel y Chávez. Foto: Tomada de Internet
Un histórico encuentro de béisbol tuvo lugar en La Habana en 1999. El estadio Latinoamericano de la barriada el Cerro, fue el escenario. En la grama se presentaron los veteranos de Venezuela y Cuba para jugar béisbol.
El líder de los visitantes era su Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, siempre sonriente, cordial, amistoso. Con estilo propio se encaramó en la lomita del estadio del Cerro y fue efectivo en sus envíos hacia el home. Sabía lo que era lanzar. Mostró sus dotes de buen pitcher y sacón varios outs con rectas y curvas de la mejor factura.
En la selección cubana estaba Fidel. Esta vez no lanzó desde el montículo, como lo hiciera aquella vez con los barbudos, cuando Camilo Cienfuegos le recibió detrás del plato. Esta vez dirigió la novena donde militaban entre otros Alfredo Street, Tony González y Pedro Chávez.
Con el juego parejo a la altura del quinto episodio, sucedió lo inesperado. Entraron por el equipo cubano atletas con barbas y algo subidos de peso. Era una broma del Comandante Fidel para con su hermano Chávez. Era las principales figuras de la pelota cubana, disfrazadas para buscar la victoria y compartir con el querido presidente venezolano.
Allí estaban Orestes Kindelán, Germán Mesa y Pedro Luis Lazo, entre otros. Histórico encuentro que se recuerda por esa broma y por la hermandad y calidad mostrada por los jugadores.
Tal vez no se repita, pero dejó un sabor a patria en momentos de emancipación para la América Latina de Martí y Bolívar. ¡Gracias al béisbol por este histórico encuentro! Ganó el deporte. Ganó la confianza y la fe entre dos presidentes. Ganó la patria grande.