Reynaldo Miravalles durante un rodaje. Foto: Tomada de Internet¡Melesio Capote, cará! Se va de este mundo con una vida llena de lauros, con un sabor a Cuba impregnado en el alma, con el arte ceñido en sus venas hasta el último palpitar de su corazón en fecunda carrera como actor.
Le recuerdo de niño. ¡Melesio Capote, cará! El clásico guajiro que dejó su imagen en las cámaras de la televisión nacional, cuando llegó a La Habana, acompañado por su compañera actoral Valeria, interpretada magistralmente por otra grande de la actuación en Cuba, Eloísa Álvarez Guedes, para vislumbrarse con los altos edificios y las mujeres bellas.
Ese fue sin dudas un personaje emblemático en su vida, lo marcó para siempre. También el “Cheíto León” en el filme “El hombre de Maisinicú” o el “Pedro Cero por Ciento”, de la comedia “De tal Pedro, tal astilla”. No puedo dejar de mencionar en esta crónica, sus actuaciones en “Las doce sillas” como un picaresco chofer de un aristócrata o “Los pájaros tirándole a la escopeta”, donde interpretó a un hombre maduro, chofer de ómnibus, que entabla un romance con la madre del novio de su hija.
¡Melesio, cará! Eras de la generación de los grandes, de la época de oro de la actuación cubana. Allí junto a otros como Carlos Moctezuma, Enrique Santiesteban o Consuelo Vidal. Eras y serás siempre popular. Usted quedó en el corazón de un pueblo que nunca le olvidó. Lo mismo estaba en la radio, la televisión, el teatro o el cine. Siempre triunfante, risueño, ocurrente.
Julio García Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, Daniel Díaz Torres, Rolando Díaz y Gerardo Chijona, fueron testigos de su grandeza como actor, de sus dotes innatos para hacer de un guión un premio cinematográfico, o sencillamente, para quedar en la historia como lo que fue, uno de los más grandes actores cubanos de la historia.
Su calidad interpretativa le permitió encarnar cualquier personaje, lo mismo cómicos que dramáticos. “Alegrías de sobremesa” o “Santa Camila de La Habana Vieja, fueron prueba fehaciente de ello.
¡Caramba, Melesio! Dices adiós a la vida a los noventa y tres años en la Cuba que le vio crecer y a la que jamás olvidó. No fue capricho del destino o la vida, fue el amor por esta isla lo que te trajo de vuelta. Aquí protagonizó su última película “Esther, en alguna parte”, bajo la dirección de Gerardo Chijona. Aquí deja sus raíces, su impronta, sus mejores momentos como actor.
¡Caramba Melesio! Le confieso que me duele su partida. Más de cuatro décadas descansan en mi orografía. Todavía me siento joven, pero soy privilegiado, porque pude disfrutar de sus actuaciones. ¡Hasta siempre, guajiro! ¡Adiós! ¡Melesio Capote, cará!