La mañana del miércoles 19 de octubre de 2016, podría parecer una mañana de rutinas para cualquier mortal, pero este sencillo cronista, la vivió de una manera diferente.
Era una mañana con Pepe. El periodista que representa la verdadera autenticidad de quien tiene en sus manos la misión de escribir, de trasmitir valores a sus lectores y hacer de la palabra una obra de arte.
Diáfano, sencillo, elocuente. Sobran los adjetivos para describir a este profesional del periodismo cubano. Un hombre de pueblo, de raíces bien definidas, que sabe lo que quiere y puede hacer, en el momento que le corresponde.
Peina canas, tiene algunas libritas de más, por el paso de los años, viste con camisa blanca de guingas y a rayas y luce una gorra juvenil de color azul. ¿Será el profe de Juventud Rebelde amante de los Industriales?
A veces cabalga en tropel alegre y planta una lucha campal con las ideas, que intentan escapar de su intelecto, pero a pesar de todo es feliz. Su diálogo hace reír al auditorio y facilita el intercambio.
Jaranea con las muchachas jóvenes, reconoce la belleza en las pupilas de una colega y le felicita, engola la voz para trasmitir un personaje de ocasión, en su rico arsenal de anécdotas. Vive, vive intensamente la pasión del periodista digno, el que no claudica, el que no se corrompe a pesar de los tiempos que corren y endurecen lo cotidiano de la vida.
Así es y así se muestra el profe José Alejandro, Pepe. El no sabe de máscaras que cambien su estilo de pensar y proceder. Es consejero de los nuevos, Quijote de su tiempo, amigo de cabellera blanca que es feliz en tiempos de tempestad. ¡Gracias, Pepe! Fue una jornada especial que guardaré en la historia, se lo aseguro.