Para Amalia Hernández la oftalmología dejó de ser un sueño, su pasión de muchos años se convirtió este curso en su cotidianidad. La vista celebra su día mundial y Radio Ariguanabo pretende ponderar la importancia de la oftalmología, para eso conversamos con una doctora que inicia su recorrido en esta especialidad de la salud. ¿Por qué no un avezado en el tema? Pues porque de vez en cuando está bien cambiar la perspectiva y porque además nunca viene mal poder ver el futuro.
Aunque esta joven cubana se debatió hace unos años entre el estudio de la medicina o la estomatología, hoy reconoce que tuvo mucha suerte en su decisión de entonces, pues esta le permitió insertarse en la especialidad que deseaba desde niña.
Es bien curioso que un niño desee hacerse médico para especializarse en oftalmología. ¿Cómo fue tu caso en particular?
En aquellos años yo no tenía idea de que era la oftalmología, ni para que servía. Quizás ni escuche nunca el término, porque en Cuba existe el hábito de llamar oculista a estos especialistas. Lo que si es cierto, es mi curiosidad por el ojo humano, recuerdo ya más grande cuanto me llamaba la atención y como me preguntaba siempre como podíamos ver a través de ellos. Creo que ahí comenzó todo.
Luego nació mi hermana que tiene los ojos claros y aumentó mi curiosidad, recuerdo que de pequeña se enfermaba bastante seguido con conjuntivitis y yo le decía que de grande sería “doctora de ojos” para curarla de una vez y por todas. Ya vez, ha pasado tiempo y ahora estoy más cerca.
¿Abandonaste el sueño en algún momento?
La verdad es que sí. La vida da muchas vueltas y lamentablemente no todos los niños llegan a estudiar lo que desean de pequeños. Cuando estaba a punto de terminar la enseñanza preuniversitaria me debatía entre la medicina y la estomatología. Por ese entonces ya Adriana no sufría de infecciones oculares y aquel juramento se había olvidado. Pero resurgió, un día llegué a la casa de la beca y les comuniqué a todos que me había decidido por la medicina para especializarme en oftalmología.
A mis padres no les hizo mucha gracia, los papás siempre quieren que si su hijo se hace doctor sea cirujano, clínico o algo así. Pero realmente me apoyaron mucho, sobre todo una vez dentro de la carrera que por las prácticas me comencé a inclinar por la pediatría –otra maravillosa y bella especialidad- pero me dijeron “céntrate y decide” pues nada, retome el rumbo.
¿Crees que vivir en Cuba te ayudó a cumplir aquel sueño?
Es algo evidente, si revisas mis palabras en esta conversación verás que mis mayores problemas han sido decidir entre estudiar medicina o estomatología y luego que si pediatría u oftalmología. Realmente no son problemas si lo miras bien. Quizás en otro país ni siquiera habría podido preguntarme nunca esas cosas. Aquí sin embargo pude escoger entre carreras y especialidades altamente demandadas a nivel mundial y estudiarlas sin costo alguno. Cuba es imprescindible.
La Cuba de ahora, porque antes de 1959 en este país había una sola escuela de medicina que graduaba solo alrededor de 300 médicos al año, muchos de los cuáles ni siquiera ejercía aquí. Los servicios de salud eran curativos en su inmensa mayoría. Hoy es totalmente distinto.
En estos momentos ya estudias la especialidad que deseas, ahora que la conoces más a fondo ¿sigues viendo magia en la oftalmología?
Imagina que puedas devolverle la visión a alguien. Los pacientes llegan sin ver, con un bastón que los ayuda a caminar o con las esperanzas rotas por haber perdido uno de sus sentidos. De momento pones tus manos y sale del hospital totalmente sano, sin nadie que lo guíe y todo gracias a tu desempeño. ¿Quién no puede ver magia ahí?
Es difícil, la medicina es complicada en su totalidad. Esta carrera exige mucho sacrificio y mucha entrega. Estudiar las enfermedades y la cirugía de los ojos no puede ser algo fácil. Pero todo se compensa algún día. Para mí ese día será cuando realice mi primera operación. En ese entonces todo habrá valido la pena.
Cuéntanos sobre tus planes dentro de la oftalmología cubana.
Deseo terminar la especialidad sin inconvenientes. Pienso siempre que pueda dedicarme a la cirugía y si fuera posible ser parte también de la “Operación milagro” llevar luz a la vida de gente de este planeta que no tiene la posibilidad de acceder a servicios oftalmológicos. Ser parte de ese proyecto humanitario es una experiencia que no quiero perderme por nada del mundo. Creo que hasta este momento siempre he logrado lo que quiero y eso puede ser totalmente posible.
Así termina nuestra conversación. Amalia sonríe mientras amablemente me pide que asista a consulta oftalmológica, pues tengo los ojos algo enrojecidos. Con el compromiso de sacar un turno me despido de ella, convencido de que la elección de entrevistarla fue buena. El resultado es una motivadora publicación que bien celebra el día mundial de la vista.