Los cubanos repudian el ataque terrorista al avión de Cubana en Barbados. Foto InternetTodavía duele el horrendo crimen. Todavía se escucha la explosión en el aire de aquel avión que buscaba suelo cubano. Aquella nave con vidas inocentes que jamás imaginaron el triste final. Eran setenta y tres personas inocentes llenos de esperanzas y sueños, de proyectos y deseos. No puede olvidarse la crueldad de los autores del hecho. Tampoco las lágrimas de madres, esposas e hijos en el eterno dolor que aún persiste.
El avión de Cubana traía a los titulares del cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima. Los traía con sueños dorados de seguir regalando preseas a la patria con brillantes estocadas. El odio, la impudicia, la traición hecha persona, se apoderó de ellos, en minutos les robó la inocencia de sus años juveniles.
Luis Posada Carriles, Hernán Ricardo y Freddy Lugo, autores confesos del hecho, aún se jactan de una heroicidad que no lo fue. Confesaron haber recibido cuantiosas sumas de dinero por la brutalidad y la barbarie de un crimen tan hostil.
Todavía duele la ausencia de aquellos que murieron porque otros robaron de sus labios la sonrisa. Todavía no se borran de la memoria popular las palabras del piloto en busca de salvar la nave. Tampoco el olor a pólvora expandido en el aire entre cielo y mar.
Cuarenta años y sigue el reclamo de Cuba para que haya justicia. Solo las medallas de nuestros deportistas, los triunfos de la medicina cubana, los éxitos de la pedagogía o la ciencia de esta isla del caribe, pueden resarcir en algo la irreparable pérdida.
Las victimas del crimen de Barbados iluminan la senda del triunfo social en América Latina, en Cuba, que los recuerda cada seis de octubre, porque a pesar de los años, el crimen todavía duele.