Cuba tiene que revertir la situación económica, lo cual se hizo evidente en la discusión y aprobación durante el Sexto Congreso del Partido del “Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social”, reconocido por expertos como el más adelantado, para avanzar en el modelo socialista criollo, por una vía diferente a la utilizada anteriormente.
Tanto nuestro presidente, Raúl Castro, como el máximo líder de la Revolución, el compañero Fidel Castro, se han referido al tema en los últimos años. Ya se han implementado medidas inmediatas para resolver en el menor plazo posible, problemas estructurales que lastran cualquier perspectiva de desarrollo. Lo anterior se constata en el plan de la economía 2011-2015, que es renovador, pero sin perder la esencia del modelo socialista que construimos.
En recientes intervenciones, la alta dirección del país ha señalado que se trata de actualización y no del concepto clásico de reforma económica, diferencia que puntualiza que el gobierno cubano no está cediendo su propiedad a nadie.
Este sigue siendo protagonista de la vida nacional, en su regulación y dirección, donde el plan juega un papel importante, fundamentalmente en la mantención de los logros sociales revolucionarios y sin obviar las limitaciones impuestas por el férreo bloqueo yanqui con carácter retroactivo y extraterritorial.
El reordenamiento económico actual brinda al mercado un rol cada vez más creciente hacia lo interno. Ya se flexibilizaron leyes para ceder actividades que el estado no puede mantener, y que pueden ser realizadas por personas con vínculo laboral o sin él, estudiantes, amas de casa o jubilados. Una moderna forma de empleo, el trabajador por cuenta propia, toma auge y un nuevo código de trabajo entrará en vigor para precisar los reajustes primordiales.
No hay dudas de que se cambia todo lo que debe ser cambiado, para que los fusiles del Moncada, el Granma, la Sierra, el llano y Girón sigan apuntando contra cualquier intento de sabotear el camino digno de la Revolución cubana, que hoy se vigoriza para ganar la más dura de sus batallas: la económica.

