“Nacemos desnudos y nos vestimos de virtudes y defectos”

 María junto a su hijo Juan Jorge. Foto: Luis Alberto DHMaría junto a su hijo Juan Jorge. Foto: Luis Alberto DH

El título de la entrevista que ahora leen, constituyó el cierre del encuentro que sostuve con la entrevistada. Se trata de María Gorrín, una joven cubana de 90 años, quien de manera poética me llevó a conocer de cerca las limitantes y dureza de la vejez y cuán importante se vuelven el amor y la atención familiar para enfrentarla.

La sonrisa de María me recibió en su hogar. Ella se encuentra tan elegante como lucía en los años 50, mientras su colonia y carácter jovial nos presentan a un bebé. Tras el saludo solo se me ocurre un elogio y digo, -qué joven luce hoy.

Tan joven como me permite la vida. Las mujeres ocupamos gran parte de nuestro tiempo pensando cómo vestirnos mejor, cómo vernos más jóvenes y bonitas. Es una muy buena costumbre. Pero cuando se alcanza la experiencia de los 90 años, te das cuenta que no son las arrugas de la cara, sino las del alma las que más duelen.

¿Cómo ve usted la vejez?

Cada cual ve la vejez de manera distinta, así sucede con todo en la vida, cada criterio es único. La mayoría de las veces, sobre todo cuando se vive tanto, encuentras que todo lo que nos da la vida, nos lo quita. Así sucede con los sueños, las ilusiones y las esperanzas. Solo que aparecen nuevos motivos y está la familia.

Sobre la familia, ¿cómo valora usted su papel?

Es imprescindible. Su atención, dedicación y amor nos hacen más fuertes. Cuando perdemos el andar ligero y solo arrastramos nuestras piernas inseguras y temblorosas, ellos se nos acercan y ayudan, -dice mientras estrecha la mano delicada de su nieta y la besa- amor, el amor es imprescindible. Cada beso, cada caricia o acercamiento, la menor palabra nos arma de energía.

No se trata solo de ayudarnos a levantar, alcanzarnos una u otra cosa. Eso mientras pueda lo hago yo, tampoco estoy tan vieja, -dice entre risas, mientras achina sus ojos y continúa- lo que no puedo hacer por mí misma es besarme en la frente o abrazarme. Por eso es tan importante.

¿Qué considera usted como lo mejor de la vejez?

La familia precisamente. Lo mejor es cuando a tu lado comienzan a salir los nuevos retoños, aunque sabes que no los verás florecer por completo; pero el solo hecho de que te hagan cantar una nana y en tu boca se dibuje una sonrisa que se refleje en ellos, es único. Todos merecen vivirlo.

¿Qué le aconseja a las familias sobre el trato a los adultos mayores?

Lo primero es que brinden mucho amor, como decía antes, un beso o caricia vale más que el mayor bien material. El simple hecho de saberse escuchada por ellos y tomada en cuenta, es mejor que cualquier otra cosa. También aconsejo que siempre haya compañía, saberse acompañado hace la vejez menos difícil.

Su hablar poético no deja de impresionarme, mientras repaso algunas de las últimas estrofas que escribió, le pregunto, ¿qué le aconseja a quienes pretenden llegar bien a su edad?

Lo más importante es ser transparentes, tener buen carácter y ser buenas personas. Pedimos amor, pero ese amor solo llega si en el momento oportuno dimos amor. Hay que aprender las cosas buenas y dejar las malas, a olvidar lo que no aporta o vale la pena, siempre digo que nacemos desnudos y nos vestimos de virtudes y defectos. Pero creo que lo mejor para la vida es vestimos de solo de virtudes, o al menos que sea así la mayor parte del tiempo. Recuerden esto, nacemos desnudos y nos vestimos de virtudes y defectos.