El sumidero del Ariguanabo

Una cueva importante de San Antonio de los Baños, es la del Sumidero. Nos acercaremos a una anécdota que cuenta el cuarto descubridor de Cuba e hijo de la tierra alquizareña, Antonio Núñez Jiménez, en su libro La Abuela.

A la cueva del Sumidero, en tiempos de agua, no puede uno bajar. Por ese hueco se fue una yunta de buey. Le fueron a dar agua y uno de ellos dio un resbalón, arrastró consigo a su compañero y ambos fueron arrastrados por la corriente fluvial. Dice la gente que los restos de dicha yunta fueron a parar a Cajío.

Ese río de San Antonio pasa por Güira de Melena y coge por un terreno en Alquízar, llamado el ingenio Marquetti. Allí había un pozo por donde se veía la corriente pasar. En la cueva del Sumidero hay como obras de los indios, dicen que hay como santos, como una escritura, pero eso es abajo, donde está la bóveda de piedra que tiene el Sumidero abajo. Así contaba la anciana Julia de la Concepción, abuela de Antonio Núñez Jiménez.

En la página ciento treinta y siete del libro La Abuela, Antonio Núñez Jiménez, incluye una nota aclaratoria, que disipa algunas dudas y genera otras. Durante años se hicieron investigaciones para saber dónde respiran las aguas del río Ariguanabo. Después que se introduce por la cueva del Sumidero corre por una caverna y más adelante sus aguas se esparcen por el subsuelo, engrosando el manto freático. Aunque se plantea que desemboca en la playa de Cajío resulta exagerado pensar que en su recorrido pueda arrastrar los restos de una yunta de buey, desde la cueva del Sumidero. Fantasía y realidad que se combinan armónicamente en la narración oral, de ahí su riqueza.