Para otros, San Antonio del Humor. Imagen: Tomada de Internet
Bajo el sello editorial Unicornio, en el año 2013, vio la luz un sencillo libro titulado Leyendas del Ariguanabo. Fruto de la labor investigativa de Carlos Eduardo Hernández Fuentes y María Antonia Padrón Rodríguez, el texto nos permite conocer páginas del pasado, eternizadas por la tradición oral de una generación a otra. En la mañana de hoy nos acercaremos a una de esas leyendas.
Cuentan que en el siglo XVIII, por las márgenes del río Ariguanabo, abundaban los bohíos. En una de esas casas rústicas vivía un hombre llamado Antonio Abad, que al parecer bautizó con su nombre el lugar. Esta versión es poco probable, pues a los efectos legales, esas personas no eran consideradas siquiera habitantes oficiales de la Isla. Por otra parte, se dijo que muchas de las familias fundadoras de la Villa, al proceder de localidades españolas dedicadas a la advocación de San Antonio Abad, decidieron adoptar ese patronímico. La más legendaria de todas las leyendas sobre el topónimo de la villa, es la que sostiene que un hombre, que laboraba en los desmontes realizados para proveer la madera necesaria a los astilleros habaneros, fue salvado por el referido santo. Al caer al río el leñador logró agarrarse fuertemente de un leño que flotaba cerca de él y llegar hasta un lugar seguro. Así salvó milagrosamente su vida, pero… cuál no sería su sorpresa al extraer del agua su tabla de salvación y ver que era una tosca imagen en madera de San Antonio Abad.
¿Serán ciertas las diferentes versiones sobre el origen del nombre de la villa? Ya sea por sus primeros habitantes o por la imagen del santo católico, la localidad fundada por Real Cédula del 22 de septiembre de 1794, llevó el topónimo de San Antonio Abad. Con el paso del tiempo la Villa se convirtió en pueblo y más tarde en ciudad, y el nombre inicial fue quedando atrás, dando paso al de San Antonio de los Baños. No obstante, el apelativo ariguanabense, con el pasar de los años, siguió distinguiendo a los nacidos en la comarca e identificándolos para siempre en el mundo entero.

