Roberto Conde: el optimismo hecho arte

Roberto Conde en plena labor Artística Foto Otoniel Marquez de El ArtemiseñoRoberto Conde en plena labor Artística Foto Otoniel Marquez de El ArtemiseñoMe alegró reconocer en la pared de una sala un paisaje de Roberto Conde. Y me alegró dos veces, por ser de un pintor auténtico y por irradiar ella misma ganas de vivir y la sencilla grandeza del ser humano. Son paisajes poblados de energía vital. ¿Cómo entonces no identificarlos?

Nacido en San Antonio de los Baños, en 1956, Roberto Conde, es graduado de Mecanización Agrícola, pero desde muy temprano su vocación lo acercó a creadores como el gallego Posada, René y Raúl de la Nuez. Durante su larga labor en la Galería Provincial de Arte desató una pasión irrefrenable por la plástica, se integró al colectivo de creadores de la provincia y vivió un intenso proceso de experiencia y profesionalidad que ya marcaban su quehacer desde 1982. Sus ilustraciones figuran en revistas, periódicos y catálogos, así como libros dirigidos a niños y jóvenes. Ha participado en más de sesenta salones y exposiciones colectivas, y organizado doce muestras personales. La última, en el Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución.

Pero su gran conquista es haber triunfado sobre sí mismo y sobre condiciones personales muy complejas: la pérdida de la visión. Cualquier otro se hubiera separado definitivamente del dibujo. Pero él se entregó sin reservas, con tanta energía creativa como humana, y la pintura lo ha salvado. El aire reposado y la meticulosidad de orfebre que distingue su pintura no revelan la intensa labor que conlleva cada centímetro de dibujo.

Diversos temas marcan la obra de Roberto Conde. Los sitios y edificaciones más emblemáticas de San Antonio de los Baños se ubican en sus inicios. Luego serían las marinas y los barcos de vela contra el cielo tormentoso, después los árboles, a veces atrapados por la ciudad o salvados de ella, —todo salpicado de figuras humanas— y más recientemente, las fortalezas y monumentos antiguos de La Habana. Conde ha demostrado ser también un buen anatomista que se adentra directamente en el alma de las personas, sin caricaturas ni deformaciones.

Nada es tan elocuente en su pintura como el optimismo. La vida se celebra y se canta en la omnipresencia del talento creador, del trabajo y el sentimiento, como esencias de la eternidad. Roberto Conde pinta un infinito anhelo de conquistar cada mañana.


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